Regards, Recuerdos

Hace algo más de un año encontré mis notas de la escuela. Las más interesantes me parecieron las de los primeros años en primaria, porque la maestra hacía unas observaciones sobre mi conducta en clase muy personales. Leyéndolo tantos años después pensé, joder, el niño que está describiendo soy yo, más o menos sigo siendo así. Es decir, que hizo una radiografía de mi carácter más primigenio que chapeau, acertó de pleno. Leer aquel puñado de observaciones de forma cronológica era revelador. Todo aquello me hizo recordar mis primeros años en la escuela.
Antes de llegar al Camí del Mig, la escuela de primaria, arrastraba una fama de escapista ya desde la guardería, pasando por los párvulos en el Pla d´en Boet. Cuenta mi madre, que me escapé de la guardería una vez porque estaba harto de la maestra, porque no me ayudaba nunca a quitarle la tapadera al yogur. Fíjate que cosas. Así que ni corto ni perezoso, aquel día escarbé un agujero en la tierra y me deslicé reptando como una serpiente por debajo de la valla metálica. Fui a mi casa que estaba justo al lado y llamé a la puerta. Dice mi madre que no veía a nadie por la mirilla. Hasta que abrió la puerta y me vio sujetando con la mano mi almuerzo del día, un racimo de uvas.
Mi otro intento de evasión, ya en el Pla d´en Boet, fue simplemente saliendo por la puerta trasera de la escuela. Creo que ese es uno de mis primeros recuerdos claros. Aquella escena de los niños mirándome a punto de salir por la puerta falsa y diciéndome que no podía salir, que nos lo tenían prohibido. Y un huevo. Salí de ahí pies para qué os quiero, y la volví a liar. La mitad del claustro estuvieron buscándome el resto de la mañana y yo ya estaba en mi casa. ¿El motivo? Los lavabos daban asco. Estaba todo embadurnado de barro. Y uno no va al cole para estar rodeado de gérmenes.
Después, creo que entré en el último curso de parvulitos en el Camí del Mig, después de que mi madre mediara para que no me llevaran a no se qué barracones en frente de los bomberos. Consiguió una plaza en la escuela aunque la administrativa de entonces hizo todo lo posible para que no entrara, pero entré. Me pusieron en la clase A. Lloré como una magdalena el primer día de clase, no conocía a aquellos niños. Sólo recuerdo caras como la de José Luis Alegre, que destacaba sobre la mayoría porque era más alto que el resto de niños. De los dos primeros años en la EGB no recuerdo gran cosa. No me relacionaba mucho con los otros niños, se me daban fatal las mates, todavía hoy en día. Creo que mis primeros dos amigos, así que yo recuerde fueron José Miguel Cámara y Joaquín. No recuerdo porqué empecé a juntarme con ellos, pero sí recuerdo qué hacíamos. Hacíamos el tonto para los niños más pequeños, que se sentaban en lo alto de un murete para vernos haciendo no se qué. Así pasamos muchos días en el recreo. Para entonces ya estábamos en 3º de la EGB, ya nos daba clases la Lola. Hacíamos actividades en el huerto de la escuela, fomentaba nuestra lectura… creo que el primer libro que recomendó que me comprara para el nuevo curso fue “El Hobbit”, de J.R.R. Tolkien, que creía que ya estaba preparado para esta lectura. Pero le llevé la contraria y elegí otro, aunque no estoy seguro de cuál se trataba , puede que fuera “El Nen”, de Roald Dahl. Para entonces ya nos había metido el gusanillo de la lectura, sobre todo sobre la obra de Roald Dahl, una serie de libros algo destroyers tratándose de literatura infantil, algo atípico. También nos lió para hacer un trabajo muy laborioso para mandárselo al propio señor Dahl. Nos quedamos hasta tarde muchos días. Recuerdo el enorme dibujo que hizo Jose Luis de James y el melocotón gigante volando por encima de Nueva York, de una poesía de Sonia Amores y de Josemi. De mis dibujos, especializado en dibujar animales y al propio autor. Aun guardo la copia de la carta que nos envió el famoso escritor agradeciéndonos nuestro trabajo y que lo enseñaba a todo el mundo que iba a visitarlo a su casa. También recuerdo el trabajo de “Les orenetes” que acabó recibiendo un premio. Aquel día pillamos un autobús con algunos de nuestros padres que también estaban invitados y fuimos a la entrega de premios. Recuerdo que al bajar por las escaleras para recibir el diploma o el cheque, ya no lo recuerdo bien, acabé colocándome el primero de la fila, sin querer, y me vi obligado a recoger yo mismo el premio y posar para las fotos y toda esta gaita.
Recuerdo perfectamente cuando plantamos un Sauce llorón en el jardín del patio. Estuvo un buen puñado de años ahí. O la visita a los estudios de TV3 invitados por el meteorólogo Antoni Castejón. Vimos el decorado del Filiprim, al yayo que salía en el mismo programa y en la serie y las pelis del Makinavaja maquillándose, ver los decorados del telenoticies… fue un día para recordar. Me pareció una persona muy amable el señor Castejón, lástima que muriera tan súbitamente años después, igual que Roald Dahl, que pareció como si se hubiera muerto nuestro abuelo. Una sensación muy extraña.
He hablado de momentos que compartimos con la clase, pero no he hablado de mis compañeros. Me solía juntar con un grupito de unos 8 niños o así, que jugábamos en el recreo básicamente al pilla pilla. Qué de carreras nos pegábamos, ¡y qué manía con jugar siempre a lo mismo! Entre carrera y carrera hablábamos a ratos. Recuerdo perfectamente la manera de correr de Josemi. Corría erguido, con los pies por delante, como si de un lagarto a la carrera se tratara. Y el caso es que corría el jodío. También estaba Oscar Lao, porque entonces teníamos la manía de llamarnos por el nombre y el apellido juntos. Recuerdo a Oscar y su famoso remolino en el cogote, con aire como de genio despistado, devorador de tebeos y cómics de todo tipo. Y así sigue siendo, cosa que agradezco, que no todo cambie tan deprisa a tu alrededor, que gente como Oscar Lao sigue siendo la misma persona que entonces, mejor aún con el paso de los años. A Raúl Zoilo, otro de la pandilla lo recuerdo como un chicho terremoto, menudo, movido a la par que simpático. David Ángel era otro con los que siempre quedaba. Igual que Oscar Cruanyes. Subir a su casa era como subir al Everest, todo blanco y soleado. Tenía un Pc, a veces nos invitaba a jugar con los jueguecillos de la época. Nunca me cayó un ordenador por reyes, no lo quería sólo para jugar a esos juegos, sino por tenerlo, por escribir cosas en él y cosas así.
La primera película que vi en el cine fue El retorno del Jedi en el 83, pero la primera que fui a ver solo con mis amigos de clase fue La Jungla de Cristal, tardaron un poco en dejarme ir por mi cuenta. Más cosas. Como si se tratase de una peli mala americana de niños o adolescentes, cuando jugábamos partidos de futbol , era de los que se colocaban a un lado del campo más bien para hacer bulto y echar el rato. Diego Serrano, Dieguito, era el encargado de regatear a todo ser bípedo con patas y marcar los goles a pares. El Messi de nuestra clase. Los últimos años de la EGB los pasé jugando a basket, jugaba con todo aquel que quería echarse unas canastas. También con Ana María Luque y la Lucre. Igualmente nunca fui bueno en ningún deporte, si hasta me ganó en una carrera Marta en una clase de gimnasia. Mi orgullo varonil quedó tocado, ¡pero no hundido! (sic).
Las clases de gimnasia son inolvidables gracias a Pep. Un profe alto, corpulento que daba más voces que un pastor del Pirineo catalán. - Hop! Ramon! Hop! Nos gritaba para agacharnos y levantarnos de un salto repetidamente. A veces nos pasaba la pelota con una fuerza tal que no conseguíamos cogerla y se nos caía al suelo.
-Vingaaaaa… que teniu merda a les mans??
- T´he fet mal? No? Llástima…
Nos decía con tono socarrón. A veces nos daba clases de mates y nos sacaba a la pizarra a echar cuentas. Recuerdo que una vez casi me pone por los aires, quedando de puntillas sujetándome la cabeza para de alguna manera motivarme a acabar la cuenta. Juro que no se hizo daño a ningún animal de cuatro o dos patas en esas clases, que lo hacía con cariño. Joan Antoni, nuestro profe de ciencias naturales y de mates también si no recuerdo mal, era de carácter tranquilo, comprensivo, pero a veces le salía el increíble Hulk que llevaba dentro y nos daba unas voces que las podía escuchar medio barrio. Los profes siempre tuvieron muy buenos pulmones para gritar. También hay que decir que nos lo merecíamos la mayoría de las veces. Las excursiones las vivía intensamente, las disfrutaba con nosotros. Su amor por la naturaleza no pasaba por alto. Recuerdo también a nuestra tutora en los últimos cursos, Maria Teresa Castellà, como nos daba clases de castellano dándonos las explicaciones en catalán. Eso no se me olvida. Me parecía ridículo. En las clases de inglés nos medio obligaban, dentro de lo posible, que las preguntas y las explicaciones fueran todas en inglés. Y en castellano tararí que te vi. Cosas inexplicables.
Montse Taberner, nuestra profe de sociales pasó a la historia, al menos para mí, por ser la que pronunció palabras tan divertidas como; Paparres, sou unes paparres! (unas garrapatas en catalán). Era buena profe, pero lo que más recuerdo de sus clases es que nos pasamos tardes enteras pintando los países, coloreándolos. Supongo que nos enseñaría algo más, pero creo que se pasaba tres pueblos con lo de mandarnos pintar a cada dos por tres los países. Me habría gustado que fuera más productiva la clase, será que no hay cosas interesantes que contar sobre las sociales para hacer atractiva una clase. La Montse también daba clases especiales para los que teníamos o una mala caligrafía o mala ortografía, o las dos cosas juntas. Lo mío era una nefasta caligrafía, la ortografía la he llevado más o menos siempre bien.
Retomando los perfiles de algunos de mis compañeros de clase. Puedo decir que normalmente no hablaba con las chicas, poca cosa, tal vez con quién más hablaba era con Laura, Laura Guillén, porque como ya digo, entonces el nombre y el apellido siempre iban juntos en el pack. Era y sigue siendo muy sociable y dicharachera. Pero también le tocábamos la fibra sensible si le cantábamos la canción de Marco. A mí ya se me había olvidado, pero hay algunos cabroncetes que siempre sacan el tema para recordárselo. Laura sigue siendo más o menos así, igual que Oscar y tantos otros, me alegra que siga siendo así de cercana con todos, y tan manojo de nervios a la hora de hablar, me hace mucha gracia. Después hay gente que creo que tenía que haber conocido mejor como es el caso de Anabel, que la veía de pequeña muy mandona, o esa era la sensación que me daba. Y luego después de muchos años me doy cuenta que se puede hablar con ella, que es cercana. Con Jose Luis Carnicer, ahora Josep Lluis, me pasó algo parecido. Nos juntábamos con gente diferente. Lo recuerdo siempre muy metido con el tema del taekwondo, o no sé qué arte marcial, muy activo con los deportes. Si no recuerdo mal, el último año nos dio a Josemi y a mí por escribir relatos, historias a medias. Uno escribía la primera parte y el otro la continuaba y le daba su propio desenlace. Recuerdo que Jose Luis, que por aquel entonces se sentaba en mi misma mesa, leía nuestras historias con interés. ¡O eran imaginaciones mías! ¡No sé! Algo así me pasaba con Luis, que estábamos en otra onda, por así decirlo. A Luis siempre lo comparo inevitablemente con John Travolta en Grease. Si hasta tenía los mismos andares. En las colonias que fuimos a La Molina, en sexto, se llevó la peli en VHS para que la viéramos. En La Molina también ocurrió un percance, muy a lo American Pie, pero a la española. Esas escenas que uno no quiere que le pasen, comprometedoras, pero le pasan. Cierta señorita de la otra clase me vio como Dios me trajo al mundo en las duchas del albergue. Fue tal su shock que salió corriendo por el pasillo gritando. Nunca volvimos a hablar del asunto. Pero hoy lo cuento aquí para echarnos unas risas si llega a leer esto, que lo leerá, fijo.
En fin, no puedo contar cosas de todos los de clase, que no acabaría nunca. Pero ahora recordando esto de las duchas y de mi escenita a lo American Pie, recuerdo que una vez que hicimos el amigo invisible. Me tocó hacerle un regalo a Eva, pero era en principio secreto saber quién te había hecho el regalo. Tenía por casa una especie de manopla que imitaba la figura de un fantasma, pero un fantasma bueno vaya, que creo recordar que ponía en la tela blanca; - Sshhh! Sí ¡sí! No sé bien qué significado tendría eso, pero no me pareció nada preocupante. Pero al parecer a Eva le pareció tan misterioso e inquietante que al no saber quién se lo había regalado, se puso nerviosa y se angustió un poco. No recuerdo bien si acabé diciéndole que fui yo quién le hizo el regalo o se lo dijeron los demás, o no llegó a saberlo nunca. Pues dicho queda. ¡Sorry! ¡cosas de críos!
Estoy viendo que no puedo contar todo lo que recuerdo en un solo post, que se haría muy largo y pesado. Pero puedo ennumerar cosas y momentos para refrescar la memoria: Las cotorras Catalina y Julivert. Los momentos afilando los lápices con el saca puntas con su cuerdecita colgada para que no se pierda. Los experimentos en la clase de ciencias naturales. Los visionados de pelis de Charlie Chaplin como Tiempos Modernos en la sala de audiovisuales. Los dados de gomaespuma del gimnasio. Los cuentos de Pep Durán. La pequeña biblioteca de la escuela y el Zoo d´en Pitus. Los dibujos de la Pilarín Bayés. La señora Emilia e hija. El conserje. Las exposiciones de dibujos y transformaciones del vestíbulo con temas diferentes. Las colecciones de cromos, las carreras con el monopatín. Los carnavales y el Carnestoltes. Las actuaciones en playback, el programa de radio que hicimos un día donde imitaba a la Lola Flores y a Paquirrín y ponía discos de Jerry Lee Lewis. Las excursiones y las colonias. La despreocupación total de todo por vivir en ese micromundo donde los grandes problemas no existían si tenías golosinas en el bolsillo y alguien con quién pasar el rato en el parque comiendo pipas.
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Marzo 27th, 2012 @
A mí tb me encantaba Roald Dahl, era muy divertido. Qué chulo que os propusieran escribirle…
Mi caligrafía tb era… peculiar. De hecho, lo sigue siendo y, probablemente, lo será.
El idiota del profe de catalán, un cerdo asqueroso (era medio pederasta, no es que me esté cebando ahora con él, aunque un poco tb) me llegó a decir en 7º de EGB que si volvía a darle un examen con semejante letra, no me lo corregiría. Mi letra no se aclaró en absoluto, y a pesar suyo -imagino- tuvo que evaluar exámenes y exámenes míos que, para más inri (suyo), no bajaban del notable. Que se joda.
En 8º suspendí el segundo trimestre de gimnasia. Lo mío nunca fue el ejercicio físico, yo siempre he sido más de ejercicio mental.
Pues teníamos un profe sádico que se empeñaba en formarnos como si fuéramos atletas que tuvieran que competir en las próximas olimpiadas; nos hacía echar el hígado, el muy cabrón. Aquello no era normal… Pues gimnasia fue la única asignatura que suspendí en primaria. Extraño honor.
Todo esto por no mencionar el pelotazo que recibí en la cara jugando un partido de fútbol en unas colonias de… 6º, diría, por culpa del desatinado chute… del profe de inglés. Oh, my God!!
…
Aún recuerdo la cara de estupefacción de los que estábamos allí: yo abatida en el suelo, el profe corriendo a auxiliarme sin dar crédito, y el resto de compañeros… descojonándose, probablemente.
La única gratificación unida al mundo del deporte escolar que recuerdo fue la gimnasia rítmica. 4 añazos ganando elasticidad a golpe de agujetas, pelotas y aros. El maillot ochentero azul eléctrico era para verlo… precioso, vamos.
Por lo demás, el mejor momento del año -aparte de las vacaciones, claro- eran los Juegos Florales, nuestro St. Jordi particular. Nos hacían escribir, y a veces hasta ganábamos libros. Me encantaba.
Lo que no soportaba eran las celebraciones religiosas. Y tuve que padecerlas años y años: que era Semana Santa, a la misa del miércoles de Ceniza; que era Carnaval, a la misa de Cuaresma,… nos tenían misa p’arriba-misa p’abajo cada dos por tres. Imagino que es lo que tiene el haber ido al un colegio de curas, pero no he vuelto a pisar una iglesia desde que hice la comunión. Tb es lo que tiene.
Y, en fin, se quedan tantas cosas en el tintero como compañeros de juego durante esos años. Lo mejor del cole, sin duda. Sin contar las vacaciones, claro.
Marzo 28th, 2012 @
Maadre mía, si que te he despertado tus recuerdos infantiles sí!
Roald Dahl por lo visto quedó maravillado con el trabajo que le mandamos, con unos dibujos chulísimos inspirados en sus libros y poesías y de todo un poco. Dijo que cuando iban a entrevistarlo a su casa que se lo enseñaba a todos los periodistas orgulloso, el trabajo que le habían mandado unos chicos de Barcelona.
Tú también tienes un letra como decirlo… difícil de leer? jeje.. a mí en el instituto una profe me arrugó una hoja de ejercicios que había hecho. Me cagué en tó.
Lo de los pelotazos en la cara era el pan nuestro de cada día, jeje.. salvo lo de la religión, parece como si hubiéramos ido al mismo colegio.
Oyeee.. .venirsus este verano por aquiiií! Un besote.
Marzo 28th, 2012 @
Maadre mía, si que te he despertado tus recuerdos infantiles sí!
Roald Dahl por lo visto quedó maravillado con el trabajo que le mandamos, con unos dibujos chulísimos inspirados en sus libros y poesías y de todo un poco. Dijo que cuando iban a entrevistarlo a su casa que se lo enseñaba a todos los periodistas orgulloso, el trabajo que le habían mandado unos chicos de Barcelona.
Tú también tienes un letra como decirlo… difícil de leer? jeje.. a mí en el instituto una profe me arrugó una hoja de ejercicios que había hecho. Me cagué en tó.
Lo de los pelotazos en la cara era el pan nuestro de cada día, jeje.. salvo lo de la religión, parece como si hubiéramos ido al mismo colegio.
Oyeee.. .venirsus este verano por aquiiií! Un besote.