El Jergón

Tribulaciones y otras Milongas (en Suiza)

De vuelta a Suiza

Archivado en: Suiza — Enero 15, 2012 @

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El viaje de vuelta a Suiza se hizo algo monótono, sólo una parada para almorzar en la costa de Montpeiller rompió la monotonía del viaje. Al llegar a la frontera Suiza de Genève, empezó a cerrarse el día. El sol y el viento de Francia dieron paso a la nieve y el frío propio de Suiza. No tuve problemas para pasar por la aduana de Genève, estaba tranquila, pero si vi registros de la policía francesa dos kilómetros más allá de la frontera entre España y Francia.

Antes de anochecer (a eso de las 17:15) decidí entrar en la ciudad, en Genève, a la aventura. La arquitectura de los edificios es notablemente diferente a la del resto de ciudades de Suiza, más europea. La gente que vi por las calles también parecía de procedencias más dispares. Callejee un poco con el coche hasta encontrar el lago Leman. Aparqué el coche y me di una vuelta por el paseo bordeando el lago. Un lago tan grande que me hizo recordar el puerto de Barcelona, incluso el barrio de la Barceloneta. Cuando emprendí la marcha paré en una gasolinera de las afueras de la ciudad para comprar la vignette, la etiqueta para poder circular por las autopistas de Suiza. Me acerco a una de las chicas que atendían y al ver cómo me iba a dirigir a ella me regala una sonrisa afectuosa antes de mediar palabra. Al decirle en francés que quería una vignette , con mi acento español claro, fui testigo del acojonante cambio de cara de la chica que pasó a decir su cara; te pongo algo, ¿guapo? a, y a mí qué me cuentas, quítate de mi vista. Me respondió en español con cara de asco, pasándole la pelota a su compañero que también hablaba en español y que se despidió de mí en francés con la ceremoniosidad típica de los francófonos. Voilà, mercí beaucoup, bonne journée et bon weekend! No me paré a preguntarle a la chica que tripa se le había roto. Tal vez temiera que esto pronto se llene de más compatriotas, más de los que ya estamos viviendo acá y que le vayamos a quitar el pan. A saber.

Al llegar a Düdingen no encontré ni pizca de nieve, para mi sorpresa. El buzón estaba lleno de periódicos alemanes que me mandan y de cartas varias. Me sentí muy extraño al volver a mi nuevo hogar. La semana transcurrió sin grandes novedades, mucho trabajo, y duro, un puñado de agujetas y un frío persistente que ha llegado para quedarse varios meses. En el trabajo ha entrado un sharpenter, un carpintero, es tunecino, como la mayoría de los de la empresa donde trabajo. No habla español, por supuesto, sólo cuatro palabras, pero sí chapurrea el italiano, y por supuesto habla el francés, como todos los tunecinos, con el cual nos comunicamos. Creo que la mayoría de los tunecinos al cruzar el charco trabajaron los primeros años en Italia, hasta darse cuenta que en el país de la bota tampoco caía el dinero del cielo y fueron subiendo poco a poco hasta llegar a Suiza. Este carpintero diez años atrás había sido marinero en Italia. Decía que le gustaba la mar, que estuvo nueve años trabajando en un barco pesquero en Nápoles, hasta que su patrón murió, y de ahí se cambió de oficio. Mirándolo bien, la verdad es que tiene pinta de marinero, con esa nariz curvada, esos rasgos tan definidos, curtidos seguramente por la mar. El tipo tiene una particularidad, colecciona gorros de lana como Carrascal coleccionaba corbatas. Cada día viene con un gorro diferente cubriéndole la testa. En fin, ahora escucho árabe todo el santo día, se olvidan que trabaja un español con ellos y que si no hablan en francés no me entero de nada. Estoy aprendiendo el árabe, qué remedio, pero el classic, el standard para todos los pueblos árabes. El si y el no en árabe clásico es nam y le. Se escribirá de otra forma pero suena tal y como se lee. Ya mismo estoy poniendo en mi currículum que hablo el árabe elemental.

El viernes fui a Berna, una vez más, pero esta vez para hacer una entrevista de trabajo para una conocida agencia temporera. Estoy haciendo contactos con agencias y todo lo que crea interesante de conocer para situarme mejor sobre mis posibilidades en el caso de querer cambiar de empleo en Suiza. El lunes hice una entrevista completamente en francés, de la cual quedé sorprendido hasta yo de haber salido airoso, y como decía, el viernes tuve otra entrevista, pero esta vez con una chica española. Nacida aquí pero de padres españoles. Y sí, no es suiza aunque haya nacido aquí. Aquí para ser suizo tiene que pasar o varias generaciones, o pasar por caja (que por lo visto es una señora pasta) para nacionalizarse, tela. El caso es que llegué al a dirección que tomé de internet donde supuestamente se ubicaba la oficina pero al llegar no encontré las señas de la oficina. Llamo a la chica y me dice que esa oficina está cerrada, que la oficina donde se encuentra ella está a unas cuantas calles más allá. Fue curioso porque me hizo de gps humano. Me estuvo indicando paso a paso qué tiendas y restaurantes y cafeterías me iba a ir encontrando. Callejee un rato y sus datos fueron precisos en todo momento. La improvisada gincana concluyó al llegar a la oficina correcta premiándome con un vaso de agua fresquita. Íbamos a hablar una media hora o así y nos quedamos hora y media hablando sobre mi CV, el mercado laboral actual en lo mío y de todo en general. La verdad es que me puso los pies en la tierra, más si cabe aún. Me dijo que mi currículum era muy válido, pero sabiendo que estoy fijo en plantilla en una empresa, que le daba apuro buscarme un trabajo que no podría asegurarme la estabilidad que tiene un puesto fijo, que hay mucha gente que ansía tener un contrato indefinido y no lo consigue. Se gana dinero de temporal sí, si trabajaras durante todo el año, pero lo normal es que te quedes parado más de una vez y que en invierno tengas que quedarte en casa casi con toda seguridad. Le di los documentos que le faltaban para darme de alta en su base de datos, firmé en una hoja de acuerdo a que daba permiso a poder mover mis datos a las grandes empresas, e incluso me hizo una foto con una cámara digital para tenerme mejor fichado. Me contó casos de gente que se presentan en el país ignorándolo todo, empezando por el idioma, o lo que van a pagar en sus estancia en Suiza… algo que si no tienes gente que te alojen en su casa o no tienes trabajo, lo tienes realmente crudo para aguantar aquí, por muchos ahorrillos que tengas, el dinero se va volando. También me comentó sobre la presión que está recibiendo Suiza para que salga a la luz el secreto bancario para poder acceder a las cuentas de ciertas personas, presiones sobre todo por parte de los alemanes y del resto de Europa para que se adhieran a la comunidad Europea. Y el día que pase eso, adiós al paraíso de la bonanza económica. Un país que vive exclusivamente de las finanzas quedaría con el culo al aire al carecer de recursos naturales e industriales. Según comentaba, y según me han comentado otros, Suiza ya no es lo que eran antes en los años 70 y 80, cada vez los sueldos son inferiores (imaginaros lo que cobrarían antes). No ocurrirá mañana ni al año siguiente, pero va camino de ir perdiendo poco a poco esa independencia y neutralidad que ha conseguido durante cientos de años. Acabando por sucumbir a la presión Europea.

Después de la larga charla, le agradecí la información, que era lo que sobre todo buscaba, aunque hubiera conseguido deprimirme un poco presentándome un panorama cada vez más complicado al estar afectando al país la grave crisis que están pasando en el resto de Europa. Eso sí, me dijo que si tenía el permiso B y me asentaba aún más los siguientes meses con el tema del idioma y ganando experiencia en la forma de trabajar de aquí, que lo tenía todo a mi favor. Vamos que puedo sentirme afortunado. Seamos positivos.

Al día siguiente quedé con Luis para que me explicara de qué manera puedo conectarme a internet, que estoy hecho un lío. Por lo visto puedes conectarte de tres formas diferentes, o por el enchufe de la televisión por cable que tengo, o por línea telefónica que es diferente a la española, o directamente por los enchufes la corriente eléctrica, cosa que no me deja de flipar. Viendo Luis in situ mis enchufes y una carta que me mandaron sobre no se qué oferta de la tele, dice que las oferta más interesante es contratar el internet de banda ancha por la toma de la tele, es más fiable y segura y dispones de una oferta de canales para ver la tele cojonuda, ves todos los canales autonómicos españoles y todo. Pero los que proporcionan este servicio es una empresa local del pueblo que pertenece al ayuntamiento, una cosa muy rara, pero bueno, espero que el viernes pueda aclararlo por fin y contratarlo ya. Sería una buenísima noticia. De momento ya me compré ese mismo día por la tarde una tele en un super de estos de muebles y objetos de ocasión. Es una tele Philips de 14 pulgadas que me ha costado 15 fr, poco más de 12€ y puedo ver un montón de canales de habla alemana, francesa e italiana, y también la televisión española internacional. Podría ver más con una tele nueva, pero por 15 fr qué quieres… si me costó el cable coaxial para conectarla a la toma de señal unos 9fr. Ya me compraré una guapilla más adelante. Pero de momento ya veo un montón de canales suizos y alemanes, italianos y le tele española, que ya es algo. También, después de la compra express de la tele, hice de improvisado guía por Fribourg para una chica española. Visitamos el centro español que por cierto estaba más animado que las últimas veces que fui. Parecía que estuviéramos en España pero escuchando una mezcla entre francés, portugués y español.


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Lago Shiffenensee

Y nada, mientras escribo esto estamos a -3º pero luce un espléndido sol. Esta tarde me daré un señor paseo con la bici a la vera del Schiffenensee, el lago que tengo a 3 kilometros del pueblo, a darle al pedal un poco. Au revoir!

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