Plácido, o la falsa caridad
Recientemente he podido ver una peli que tenía pendiente hace tiempo, se trata de Plácido de Luis García Berlanga, considerada una de las joyas del cine español junto a “El Verdugo”, dirigida también por Berlanga. Había leído críticas que alababan la película y a su director, el trepidante guión de Rafael Azcona y al rico elenco de actores con un primerizo Cassen (Plácido) como protagonista de la película que entró por la puerta grande en esto del cine.
Plácido es un humilde transportista de una ciudad de provincias que es contratado para una campaña ideada por el régimen franquista. El lema de la campaña es “siente un pobre a su mesa” en el cual mezclan las estrellas de cine con los pobres demostrando un cinismo y una dudosa “caridad cristiana” dejando que un pobre cene con ellos el día de Nochebuena, todo ello retransmitido por la radio y dando fe la prensa local de tan loable acción caritativa donde meten con calzador el patrocinio de unas olla exprés. Pero Plácido, uno de los contratados para esa campaña, tiene sus propios problemas, poder pagar a tiempo la primera letra de su motocarro como sea o se la embargan y con ello su medio de sustento para dar de comer a su familia. Gabino Quintanilla, interpretado por el inefable Jose Luis López Váquez cumple a la perfección el papel de tipo que le importa un pimiento los pobres, incluso los problemas de Plácido, si con ello consigue que la campaña salga como tenían planeada. La película puede resultar una comedia costumbrista, basado en un hecho real, esa campaña existió. Berglanga usó ese telón de fondo para mostrar la idiosincrasia de la época. La película fue premiada y alabada por la crítica y el público, incluso fue nominada a la mejor película de habla no inglesa para los Oscar.
Berlanga una vez más fue un adelantado a su tiempo, veía claramente las miserias que le rodeaban. Medio siglo después siguen perpetuándose esa manera de ser del español medio. Uno de los casos que me vienen a la cabeza que reflejan esa falsa caridad es haber visto en el programa de la Campoy, en Cuatro, como un trailer lleno de comida de una conocida marca de alimentos era repartida en un pueblo donde la crisis se había cebado más de la cuenta. Ver aquella fila de señoras esperando recojer su ración de comida, y ver como el reportero/a le metía la alcachofa por las narices y le preguntaba si estaban contentas de que la empresa tal y tal hubiera tenido ese gesto con ellos, es una imagen me repateó el estómago. Esto y las galas navideñas, los telemaratones para recaudar dinero para infinidad de causas, me parece en la mayoría de los casos, de lo más frívolo que te puedas echar a la cara, de un cinismo supino. Mira quién baila, ese programa es otro claro ejemplo, donar el premio a una fundación o ONG, cuando todo el mundo sabe que cobraban una señora pasta los famosos que bailaban y el jurado soltando sus gracias. Pintar algo como un acto solidario y bien intencionado cuando ha sido la gallina de los huevos de oro de la cadena me parece INDECENTE.
En fin, corto ya con lo que piense o pueda dejar de pensar sobre estos temas, que me hacen mala sangre. ¡Que veais la peli!, ¡que merece la pena!
nota: Estoy pendiente de visionar otros clásicos del cine que todavía me quedan por ver, que son muchísimos. Seguramente irán cayendo mis impresiones cinéfilas por aquí.
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