La marabunta
Esta mañana me acerqué al Inem para preparar los papeles. Hacía algo más de un año que no pasaba por allí, no se me había perdido nada, además que cada vez que tengo que ir por algo me deprime la escena. Recuerdo que hace años no llegábamos a una docena los que esperábamos en la cola. Estos días andan colapsados. Una marabunta humana.
Viendo que tenía para rato largo me senté en un banco del parque de al lado, al rato se sentó una mujer a mi lado, en la otra punta del banco más bien, a esperar. Después de un buen rato, me pregunta por la letra y el número que tenía, le respondo, voy unos diez turnos antes que ella. Y ahí empezamos una conversación que viene repitiéndose los últimos años; sobre el estado del país, de cómo lo llevan los gobernantes y de los recortes de derechos de los trabajadores, lo de siempre. La diferencia es que ella era argentina, y según me contaba, esta crisis era como de mentirijilla para ella, es simplemente una más viniendo de donde venía. Me contó lo que les costó a su marido y a ella dar el paso, dejar su hogar, su familia, su gente, para empezar una nueva vida con sus hijos aquí en España. Dos personas preparadas, tituladas, con trabajos “estables” en su Argentina natal. Pongo entre comillas porque por lo que me contaba, allí lo de rebajar el sueldo de funcionarios y cambiárselo por bonos estaba a la orden del día. Es el pillaje más grande y “legal” que ha parido madre. Y ese no era el futuro que querían para sus hijos. Querían darles un futuro mejor.
España cada vez se parece más a Argentina, cada vez hay más corruptos, cada vez hay más sinverguenzas, pero aún así, según cuentan, esto va mucho mejor que allá. Después de hacerle un resumen de mis aventuras y desventuras, me levanté a ver por qué número iba la tabla, ya nos tocaba. Me despachan pronto. A la salida me despido de la chica, andaba leyendo por encima de sus gafas el tablón de turnos.
- ¿Ya está?
- Ya está. Hasta la vista, que te vaya bien. Suerte. (sonrío)
- Suerte para tí también. (sonríe)
Hay personas que ves a la legua que son buenas personas. Cuerdas, sensatas, agradables, sin salidas de tono. Esto es lo que me recordó esta mujer. Digo esto porque luego te enteras de comentarios de terceras personas, comentarios despectivos, mal intencionados, creídos, sin fundamento, que envenenan el aire de aquel que lo respira. A todos ellos, los compadezco.
Me apetece volver a escuchar esta canción de Lapido…
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