Sólo puede quedar uno
Anoche, rendido ya en los brazos de Morfeo, volví al mundo de los vivos por culpa de unos picores en varias partes del cuerpo y un fugaz zumbido que me sobrevoló la oreja. ¡Maldición! ¡Tenemos un intruso! Me incorporo y enciendo la luz de la habitación con los ojos medio cerrados todavía por culpa […]
