El pequeño escapista
Pocos saben de mi temprana vocación por el escapismo. Protagonicé dos fugas memorables. Una con poco más de tres años y otra con cuatro. Todo un veterano en fugas. Mi primera fuga fue en la guardería que está al lado de mi casa. La maestra era una bruja, o al menos así la recuerdo yo. Le encantaba verme sufrir cuando intentaba sin éxito destapar la tapa del yogur.
¡Burdoncito!, aprende a hacerlo tú sólo,
¡que ya eres mayorcito!
Y al ver que no podía y que sus ojos se clavaban como puñales en los míos pues, me ponía más nervioso y acababa por echarme a llorar. Hasta que un día, decidí no pasar más por este duro trago infantil y tracé un plan de fuga. El plan era sencillo, consistía en esperar hasta que salieramos al patio, y una vez allí, en vez de ponerme a jugar, me dediqué a cavar un agujero ayudándome con mi palitas de plástico y un pequeño cubito. La valla era una alambrada (poco le faltaba para que pusieran espinos) y con sólo cavar un poco en la tierra, la valla podía ceder y pudiéndome deslizar y salir con relativa facilidad. Una vez lo tuve todo listo, cogí mi racimo de uvas (el postre que me puso mi madre en mi mochilita) y ayudándome con una mano para gatear y con la otra sujetando mi racimo de uvas, me escapé.
Para llegar a mi casa por suerte no tenía que cruzar ninguna calle, sólo llamar al interfono que afortunadamente para mí era justamente el que estaba más abajo de todo del panel. Piqué y sin mediar palabra me abrieron. Dice mi madre que al llamar a la puerta no vio a nadie, y no se decidió a abrir hasta que vio de refilón el guiguirigall de mis pelos. Abrió la puerta y se encontró con su hijo, con la bata de rayas del colegio polvorienta, las rodillas peladas y el racimo de uvas intacta en la mano. Prueba superada.
La segunda fuga fue un año más tarde y también por el mismo motivo, si el año anterior no me gustaba la guardería, el siguiente, ya en párvulos, me gustaba menos aún. ¿Solución? Una nueva fuga. Esta vez sería más difícil, el centro estaba vallado con un pequeño muro de hormigón y las vallas eran metálicas, y muy muy altas para un pequeño escapista como yo. Así estuve varios días refunfuñando por no poder salir de allí. Hasta que un día encontré la salida, la puerta pequeña de los mayores. La puerta pequeña de los mayores se encontraba como es de suponer en el patio de los mayores. Cuando vi la vía libre, no me lo pensé dos veces, eché a correr mientras mis pequeños camaradas me imploraban que no lo hiciera, que la señu se enfadaría mucho. Esta vez el camino de vuelta a casa era un poco más lejos, pero chino chano, llegué sin problemas y me presenté en casa para sorpresa de mi madre, dejando en jaque nuevamente a la mitad del profesorado. Orcos maléficos en potencia. O al menos así los veía yo, el pequeño escapista.
Nota: Todo este remember de mi antiguas travesuras como escapista vienen a cuento porque he leído y visto esta noticia en el diario ADN. De ahí el flash back. ¡¡Aguante camarada!!
5 comentarios »
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Abril 30th, 2008 @
jajaja yo hubiese querido tener tu valentía cuando estudie en el internado y la Directora era igual de bruja q tu profesora, como se e ocurrio cavar un hoyo y no salir por la puerta en algún descuido!!! realmente que querias una aventura jajajaja y tu mami nunca te retiro del colegio ahhhh
Mayo 1st, 2008 @
El pequeño Houdini de Mataró jajaja
Si es que de pequeños somos unos trastos…
Saludetes!
Mayo 2nd, 2008 @
aaahh.. escapista…
pues precisamente me estaba leyendo yo ahora “Las Aventuras de Cavalier & Klay”, de Michael Chabon, donde los escapistas tienen un peso importante en la primera parte de la novela, estoy a mitad y es entretenida, si te gustan los comics, y saber porque un judio se fue a nueva york en “malos tiempos”, pues te la recomiendo.. y sino tambien.. jejeje..
ala saludetes!
Mayo 2nd, 2008 @
…catacrashki! …catacrashki!
Mayo 3rd, 2008 @
Olsita, de mi primera fuga no recuerdo nada, recogí los datos por lo que me contó mi madre, que a su vez le contó su versión la maestra, que a su vez le contaron algunos niños que me vieron aquel día escapar por aquel agujerito que cavé. De la segunda fuga si que me acuerdo, creo que es una de las primeras imágenes que recuerdo, escapar por la puerta de los mayores. Nada, cosas de críos!
Pues sí Eli, aunque yo tuve una infancia de lo más normalita, aparte de esos dos casos fui normalmente muy buenín.
Hum, me apunto el nombre de ese comic. Me recuerda lo que cuentas a una peli donde salían Matthew McConaughey (huiluiandenouiuuuiiandehui…esto último es una chorrada que lo entenderá el niñotalibán y otro que yo me sé) y George Clooney, que hacían de presos que escapaban de una prisión…
Hacía tiempo que nos escuchaba el catacrashki! talibán. La peña no entenderá un pijo de qué estamos hablando, jorl.
Saludos a todos y tañaun! tañaun!