Dientes
Dejamos tiempo atrás al Capitán Burdoncitow inconsciente en una barcaza. El resto ya es historia. La tripulación vaciaron las bodegas, emborrachándose a más no poder, y acabando por liarla al encontrarse a los esbirros de Fumanchú. Duelos de sables, disparos a traición, puñaladas traperas, patadas, empujones… Los chicos del capitán volvieron a la barcaza, recogieron a su capitán aún inconsciente y se embarcaron en una goleta que estaba al lado lista para zarpar. Los silbidos de las balas sonaban a pocos metros de los piratas, gritos e improperios… subieron todos a bordo, arriaron el ancla, desplegaron velas y emprendieron la huida. El señor Smith, en mitad del caos se descubre el sombrero y saluda a lo lejos a la sombra alargada de Fumanchú.
Y pasaron los días, días en los que el capitán sufrió fiebres malignas, de las cuales acabó curándose, una vez hubo recuperado la consciencia. ¿Qué ha pasado?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? Las preguntas se le agolpaban en la cabeza.
Poco a poco el Señor Smith, Lord Jim, Pequeño Silver… todos le fueron explicando lo sucedido. Burdoncitow desde entonces pasó días y noches mirando al horizonte, solo, mirando la inmensidad del mar, pensando en lo sucedido y en lo que estaba por venir. Hasta que llegó ese día.
Burdoncitow y los suyos necesitaban tomar tierra y buscarse la vida, en busca de un tesoro, o en su defecto, de un buen trato, un negocio donde involucrarse. Atracaron en Haití, y empezaron a realizar una serie de viajes con una mercancía de gran valor. El contacto era un portugués llamado Simao Sabrosa. Todo iba bien, los viajes transcurrían sin novedad alguna, hasta que sucede lo que el capitán temía para sus adentros. Sabrosa empezó a fallar a la hora del pago. Las cosas volvían a torcerse. Burdoncitow y los suyos se reunieron con urgencia para afrontar la situación. Eyakulé votó por partirle las piernas y rebanarle el pescuezo al barbián. Sólo que no se decidía por qué orden hacerlo. Pequeño Silver por su parte, votaba por pillar a Sabrosa, amordazarlo y llevárselo a una isla desierta, tal y como hicieron con ellos. Pero tampoco convencía a el Capitán.
Cap. Burdoncitow: - Ni una cosa ni otra, dientes. Sólo vamos a enseñar los dientes.
En anteriores capítulos:
La Tormenta - Piratas intelectuales y sexys - La sonrisa pérfida de Fumanchú - ¡Piratas!
2 comentarios »
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Noviembre 6th, 2007 @
Como la Pantoja! Dientes, dientes, que eso es lo que les jode…
Si ánimo de ser quisquillosa, pero se te ha colado un orizonte sin su H correspondiente
Noviembre 7th, 2007 @
Sastamente, como la Pantoja. Buena pirata está hecha esta señora también… ups, cierto me colé, lo he corregido raudo y veloz, fiuuumm… gracias.