El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

La Tormenta

Archivado en: Capitán Burdoncitow, General — Agosto 21, 2007 @

enelbote1.jpg Embarcados en el bote, navegando a la deriva, nuestros pintorescos amigos siguen padeciendo su odisea interminable, perdidos ahora en mitad de algún lugar del océano Atlántico. Algunas voces empiezan a alzarse en contra del capitán Burdoncitow. Empiezan a pensar que habría sido mejor quedarse en aquel islote, convencidos que morirán pronto de inanición (de hambre pa los de la logse) o que en el mejor de los casos se los tragará la primera tormenta tropical que se encuentren. Una manera más digna y propia de un pirata, si es que un pirata puede ser pirata y digno a la vez.

Sr Smith: - Esto es una locura capitán, no tenemos brújula, ni alimentos ni fuerzas siquiera para remar. Nos subimos al bote demasiado a la ligera contagiados por su entusiasmo, pero me parece que está escrito nuestro destino.

Burdoncitow: - Nuestro destino si que estaba escrito de habernos quedado en aquel islote, Sr Smith, habríamos perdido toda esperanza. Los caminos hay que trazarlos uno mismo. Salga de apeadero, ponga la marcha y acelere…

Lord Jim: - Che, frene capitán. Deje sus metáforas automovilísticas y cíñase a los hechos. Estamos perdidos y no nos queda otra que…

Eyakulé: - ¡Eh!, ¡que yo no estoy gordo!, sólo fuertesito…

Burdoncitow: - Y dale con el canibalismo y con los cenizos. Quien no se arriesga, no aspirará nunca a ganar, quien se resigna, se consume. ¿Está claro?

(Pequeño Silver levanta la mano haciéndole saber al capitán que tiene una pregunta)

Burdoncitow: - ¿Sí?

Pequeño Silver: - El tuerto dice que se está haciendo pipí, que si podemos volver al islote.

(Burdoncitow empieza a morderse los labios con frunción…)

Burdoncitow: - Dile que cuente estrellitas… y tú también, anda.

Burdoncitow: - Todavía no sé cómo he llegado hasta aquí. Yo hace tiempo, hace mucho tiempo no era así, ¿sabéis?

Eyakulé: ¡Aaay mi capitaaaaaán!, no me dirá ahora usté que es transersuá o algo asiiiínn..

(Burdoncitow, simula un ahorcamiento con sus manos)

Lord Jim: - Dejarlo que se explique, el capitán quiere contarnos algo. Ánimo capitán, si esto hoy en día está muy aceptado, sueltese…

Burdoncitow: - ¿Que me suelte? Como me suelte no dejo títere con cabeza… a lo que iba. De un tiempo a esta parte, todo ha cambiado. El cambio no llegaba a percibirlo, pero ahí estaba. Yo antes disfrutaba descubriendo fragancias, las catálogaba y puntuaba según mis gustos. El olor del mar, de la tierra mojada, el del salitre pegado a las rocas de la costa… el olor de las hojas caducifolias cayendo un día de otoño…

El tuerto: - Que rima cooon..

(El Sr Smith se avalanzó a el viejo Potter para taparle la boca)

Sr Smith: - Siga capitán, le estamos escuchando.

Burdoncitow: - Bien… Disfrutaba probando platos exóticos, con los amaneceres en isla Papua, saboreando las mieles del placer de la carne, unos labios carnosos y sonrosados…

Lord Jim: - ¡Pare capitán!, con todos mis respetos, ¡pare ya que nos está poniendo cachondos!

Eyakulé: - ¡Ouhg!

Burdoncitow: - Eso es lo que quiero que sintáis, que os sintáis vivos, que reunáis fuerzas para cuando podamos salir de ésta, vayamos en busca de todos esos sencillos placeres que fuimos obviando entre tanto pirateo y tanto pillaje…

Mientras Burdoncitow animaba a sus cachorros, una tormenta se acercaba a pasos agigantados. A Varios kilómetros de allá, se encontraba Fumanchú, maldiciendo a sus secuaces para que se apresuraran a coger rumbo a Isla Pessoa, la guarida perfecta para los de su calaña. Pero era demasiado tarde, la tormenta los pilló a todos de improviso. Nuestros amigos se aferraron al bote con todas sus fuerzas y aguantando las embestidas de las olas, de un lado para otro, como si de un barquito de papel se tratase.

Y después de la tormenta, llegó la calma. Burdoncitow volvió en sí, llevándose la mano a la cabeza intistivamente al notar que se había dado un fuerte golpe en la cabeza. Murmulló algo e intentó abrir los ojos poco a poco. No conseguía distinguir donde se encontraba, lo veía todo borroso, sólo veía bultos. Tuvieron que pasar unos segundos más antes de poder ver donde se encontraba. Se encontraba en el puerto de Isla Pessoa. Miró a su alrededor y vio sobresaltado que se encontraba solo. Ninguno de sus piratas se encontraba en el bote. Sobrepasado por la situación, volvió a perder la consciencia, cayendo redondo en el fondo del bote.


Ilustración: Yo, Pirata

Continuará…

En anteriores capítulos:
Piratas intelectuales y sexys - La sonrisa pérfida de Fumanchú - ¡Piratas!

1 comentario »

  1. Dientes | El Jergón:

    […] - Ni una cosa ni otra, dientes. Sólo vamos a enseñar los dientes. En anteriores capítulos: La Tormenta - Piratas intelectuales y sexys - La sonrisa pérfida de Fumanchú - […]

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