La granja
Esta vez toca la primera toma de contacto con el mundo rural.
Granja Escuela de vaya usted a saber dónde.
Hace muchos, muchos años, estando de colonias en una granja, recuerdo que nos hacían madrugar todos los días cuando todavía no había salido el sol, para luego irnos a dormir cuando el sol todavía no se había puesto.¡Y sin televisión! Hacíamos la vida de un granjero. La jodida vida de un granjero.
Un día, mejor dicho, una noche, nos levantaron a todos a las 5 de la mañana. Todos aturdidos y legañosos nos fuimos incorporando y vistiendo, ataviados hasta las trancas con nuestras trincas. Salimos a la calle, mejor dicho al campo, con un frío que pelaba, todo ello sin saber nadie a dónde nos llevaban. Nos pusieron en fila india y empezamos andar sin saber el destino a ciencia cierta, al menos nosotros, los caballeritos y damiselitas. El destino era un tractor con un remolque, allí nos subieron a todos, con las mejillas ya heladas por el frío, de brazos cruzados y un recital de bostezos sucediéndose entre unos y otros. Al rato nos desviamos hacia la derecha por otro camino, adentrándonos en la finca de una fábrica. Pero no, no era una fábrica de chocolate con Willy Wonka haciendo de las suyas, no (eso sucedería tiempo después, en una verdadera fábrica de chocolate. Día glorioso donde los haya) se trataba de una fábrica de magdalenas. Nos metieron a todos en la fábrica y nos pareció el paraíso. Calentitos y oliendo a bizcocho por doquier, ¿qué más se podía pedir? Pues no estar rodeados de trabajadores con monos y batas blancas, más dormidos aún que nosotros. Los batas blancas nos dejaron acercarnos a las máquinas, a esa cadena de trabajo donde una máquina se encargaba de colocar la magdalena en el papelito, otra envolvía la magdalena con el papel y otra le echaba un chorrito de azúcar a todas y cada una de las magdalenas que pasaban por la cinta transportadora. Sísí, todo nos pareció muy bonito pero, ¿todo esto no nos lo podían haber enseñado a unas horas decentes? Pues debe ser que no. Lo único que sacamos de provecho fue una mísera magdalena para cada uno, estando en ayunas.. Luego nos tenían preparada otra trepidante aventura, hacer panes en el viejo horno del pueblo. Vale, lo que quieras mientras estemos calentitos.
Ahí nos esperaba nuestro Chema particular, un tipo con pinta de sanote, de pueblo de la Catalunya profunda, de pelos revueltos -como los nuestros- para enseñarnos todos los secretos de la masa. Después de las presentaciones y cuatro explicaciones sobre la historia del horno del pueblo nos dijo; - Ahí tenéis la masa del pan, ¡ya podéis empezar a crear! Algo así nos dijo. No recuerdo las palabras exactas, pero si recuerdo su cara de científico loco alzando los brazos por los aires. Nosotros por si acaso, le hicimos caso. Un bollo por aquí, un pirulí por allá… las dos bolitas y el palito los más adelantados.. y ya está, ya podemos colocar nuestros bollos en la pala de madera que Chema (el creador) se encargaría de colocar estratégicamente en el horno de leña. El resultado fueron unos bollos sosos. A el loco de Chema se le olvidaría decirnos lo de la sal, claro, con tanta creación.. Y ese fue nuestro desayuno, nuestros bollos sosos untados en mantequilla, mermelada y un tazón de colacao. A todo esto que son ya casi las ocho de la mañana. Una vez desayunados nos dejaron quitarnos nuestros abrigos y casi sin dejarnos respiro alguno, nos enfundaron unas botas de goma, nos dieron una pala a cada uno y a limpiar corrales se ha dicho. Con tan mala suerte que en mitad de mis labores granjeriles, caigo al barrizal enmerdado de los cochinos. Y mira que momentos antes lo estuve pensando. Mira que como resbale entre tanta mierda suelta… la líamos. Y vaya si la líe. Tres semanas me duró el olor a porcino, ni duchas ni nada oye.
A pesar del encuentro, del encontronazo con la madre naturaleza, los amaneceres en el campo los recuerdo preciosos, toda una experiencia. Pero también caí en la cuenta desde bien pronto que la vida de granjero no era para mí, aunque todavía hoy día siga sin saber qué es lo mío. Un granjero es esclavo de sus bichos, de sus campos y de todo el trabajo que ello comporta. Pero ya se sabe, sarna con gusto no pica. En cambio, un urbanita, es esclavo de su tiempo, sin más.
Moraleja: Es un barrio, muy humilde.
Canción que me ronda por la cabeza:
Los íberos - María, Tobías y John
6 comentarios »
Redifusión RSS de los comentarios de la entrada. TrackBack URI
Deje un comentario
Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>
Septiembre 19th, 2006 @
¿Eso eran colonias o un campo de concentración?
Este post y el de la piscina me han recordado a los de La Mirada.
Un beso surrealista.
Septiembre 19th, 2006 @
por no hablar de enseñar a los niños a hacer pizzas y ver todo el possible recorrido de los ingredientes( caidos de productos al suelo incluidos) y que luego te los hagan comer :O o que te regalen pistolitas de agua y a los cinco minutos ya esténnrequisadas ves a saber por qué o que te hagan montar un pasaje del terror a las 12 de la noche…éso sí, no sé pq simpre el último día habia, macarrones , pollo y helado bueníssimo..
Por cierto yo soy una urbanita irrevocable pero són los efectos de tener unos abuelos con terrerno en la montaña, que te pervienten,jajaja
Septiembre 19th, 2006 @
Bueno, bueno, qué relato más escalofriante!
Yo siempre me negué en redondo a ir a granjas-escuelas o campamentos veraniegos y siempre tuve ahí esa espinita de si me había perdido algo… pero ahora veo que estaba cargada de razón!! jaja
Gracias por abrirme los ojos ;P
PD: ¿y no será que es el mes de septiembre el que está provocandote estas evocaciones de la infancia? a mi me pasa todos los años
Septiembre 19th, 2006 @
Pues tienes razón, Sire. Leyéndolo así, cualquiera diría que aquello era un campo de concentración, ¡pero es todo verdad! sólo aderezado con cuatro ramalazos pseudo-literarios..
La Mirada, tengo textos que debería recuperar, al menos para mi disco duro. Un beso de surrealista venido a menos.
Dot, pizzas?, pistolitas de agua?, dónde está esa escuela tuya que me apunto. La mía de pizzas y pistolitas no tenía, pero si tenía fama de ser muy trempera, muy dada a las fiestas, excursiones y todo tipo de iniciativas lúdicas. Los macarrones son como el comodín de los profes en las colonias de los críos. Un beso, pervertida.
Bandida, yo tampoco he ido nunca a un campamento de verano, pero si a esa granja escuela, que es el tipo de colonias que tocaba hacer cuando hacías 3º de EGB
Y sí, puede ser que Septiembre despierte estos recuerdos de infancia, con la vuelta al cole de los críos y tal. Hoy mismo he visto en mi ciudad unos nuevos barracones que han instalado para los niños quehacen parvulario en uno de los barrios más nuevos. Recuerdo que hace 25 años yo estaba igual que ellos, en unos barracones al vivir en un barrio nuevo, con una chiquillada inmensa de unos padres que vinieron de todas partes del mapa. Ves?, ya vuelvo evocar esos recuerdos. Ankawa Burdoncillo!, ankawa!
Septiembre 19th, 2006 @
por cierto, burdoncito, me hace gracia, no me enteré, ayer hubo “mar de fons” :O
Septiembre 21st, 2006 @
La serie donde sale Tània?, ni flowers!, a ver si la puedo ver un día de estos.. tengo curiosidad.