El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

Donde dije digo, digo Diego

Archivado en: Relatos, General — Septiembre 13, 2006 @

Dicen que puedes olvidar con el paso de los años muchos recuerdos de tu vida, pero nunca los primeros recuerdos de tu infancia. Y es cierto, pero por si acaso, me gustaría usar este diario para no olvidar esos pequeños primeros detalles que fui asimilando en esta vida, la del eterno cambalache y el donde dije digo, digo Diego.


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Hay olores que te pueden transportar de golpe y porrazo al pasado. Uno de los olores que activan mi subconsciente es el olor de las piscinas. Ese olor a cloro, ese chaf chaf que hacen las chanclas al andar por la linde de la piscina, ese eco, esos ventanales inmensos por el que entra la claridad.. todo esto me recuerda a los primeros días en la piscina municipal, a las primeras clases para aprender a nadar. Esa liturgia de ducharse antes de meterse en la piscina, ese enrroscamiento del gorro apretando las neuronas, esos bañadores marcando.. sin marcar nada. Recuerdo a los monitores, pero más a las monitoras. Recuerdo los grandes ventanales, los diferentes carriles de la piscina y aquellas tablas que te daban para chapotear en el agua como los perritos.

- ¡Siguiente!

Y allá va Burdoncito, el niño bala con su gorro rojo y su bañador de barquitos estampados, como si sirvieran los barquitos para sacarme a flote. Me lanzo temeroso, tapándome la nariz. Una vez en el agua, busco a tientas las boyas de los carriles y me agarro a ellas como si me fuera la vida en ello.

- Suelta las boyas y coge la tabla. Me dice el monitor.
- Suelta tú antes la tabla. Replico, como si estuviera tratando con el negociador de la policía.

Pero al ver la cara de impaciencia del monitor, decido soltarme y quedar en manos del destino. Y el destino dijo no. El cabrón del monitor va y me dice que como me ve flotar bien, quiere que nade esta vez sin la tablita. Si hubiera tenido la maldad suficiente me habría acordado de su madre, pero como por aquel entones era un alma cándida (más o menos como ahora) pues no me quedó otra que empezar a chapotear entre refunfuños. Si hay algo que me jode más es que me digan una cosa, a sabiendas que no lo van a cumplir, y cuando consiguen lo que quieren, si te he visto ni me acuerdo. Un trato es un trato, un trato entre caballeros, o en este caso, entre caballero y caballerito. Es como cuando estás en cualquier piscina de crío y les dices a tu padre o a tu primo mayor que no se le ocurra tirarte por sorpresa a la piscina, argumentándoles que tienes miedo, que prefieres ir a tu ritmo. Y ellos te juran y perjuran que no te van a tirar. Hasta que te das la vuelta y cuando quieres darte cuenta, ya estás en el agua. Si yo sabía que no te iba a pasar nada, si es para que se te quite el miedo, si tú sabes nadar…. LOS COJONES. Este ejemplo, tan repetido en tantas ocasiones por todos, se puede aplicar a cualquier momento de la vida. Hay gente que cree que tienen derecho a pensar por tí.

Pero lo dejamos en que el monitor corrupto me había dejado solo ante el peligro y me había embarcado en una cruzada que debía afrontar yo solo. A media piscina, faltándome las fuerzas, levanto la vista y busco con la mirada al monitor corrupto.

- No puedo más, pásame la tabla. Le suplico con tono cansino.
- Si ya no te queda casi nada, nada un poco más y te la doy. Aseguraba el negociador nadando en la redundancia.

Seguí refunfuñando y avancé un poco más, perdiendo fuerzas a cada chapoteo que daba. Miraba al monitor, miraba el final de la piscina, y me quería morir allí mismo, pero llevándome al fondo conmigo al causante de mi desdicha. Y allí, en medio de mis delirios infantiles, se me apareció la Virgen María. Era María, la monitora. La oí llegar por el chaf chaf de sus chanclas. Eran sin duda los chaf chaf más elegantes y sexys de toda la piscina. Y eso que por aquel entonces no sabía qué era ser elegante, ni mucho menos ser sexy. Sólo recuerdo que le reprendió de alguna manera al monitor, no entendí lo que le dijo, pero algo le dijo, para luego quitarle la tablita y acercármela a mí majestuosamente. Todo lo majestuosamente que una monitora puede pasarle una tabla de corcho a un caballerito al que le flaquean las fuerzas.

Y aquí termina uno de los pasajes donde aprendí cosas, además de nadar. Algo que no llegué a entender hasta pasados unos años, años de aprendizaje y confusión. Casi como ahora.

11 comentarios »

  1. fumanchú:

    oorrrlgghhh!! (que me ahogo!!) me ha encantado Burdoncito!!

    vigila!, el cloro produce alucinaciones!! (y regresiones temporales, viajes astrales, fines de semana en Marina d’Or, ser reina por un dia y viajar a Júpiter como si fueras un (Martin) lotero afortunado!!

    Yo también sigo aprendiendo, confuso y en chanclas, un abrazo señor!

  2. manuel:

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  3. elizabeth:

    Cierto!!! El olor de piscina a mi también me transporta al pasado! Qué de recuerdos cuando el monitor me pescaba (literalmente) con un anzuelo gigante a la que veía que desistía y me hundía :D

    Saludetes, Burdoncete! ;)

  4. burdon:

    Ahí, ahí, Eli, nos pescaban como sardinas en remojo, con el palito. Veo que el cloro provoca los mismos efectos en la gente. Debe ser una drogaína de esas.

    Abrazosaludetes para los dos. Menos a Manuel, por mezclar churros con merinas. ea.

  5. bandida:

    jeje… he termidado de leerlo con una sonrisa enorme en la cara ;)
    (yo solo duré una sesion de clases en la piscina municipal… ese malparido pretendía ahogarme, estoy segura!)
    un beset,Weissmuller

  6. dot:

    Pues yo no tengo esos recuerdos :( . Nunca he ido a natación a mi me enseñaróan a nadar de la forma salvaje ( tirando a ala piscina Y que la niña salga pa´arriba). Lo que si me transporta a la infancia es caundo harta del acoso y derribo de bichos volardores inofensivos me pongo a cazarlos como cuando tenia 6 años…

  7. burdon:

    Weissmuller al habla: Bandida, corasón corasón mal herida. Dime el nombre el mangurrián de ese monitor tuyo, que le voy a vociferar algo al oído con mi grito de guerra, ejem. Besets.

    Dot maltrada y maltradora! Esta historia se repite una y otra vez. Uno sufre maltrato acuático, y luego la emprende con los bichitos inofensivos.. sniff.. dot, ha caído un mito para mí… eras de las que les cortabas la colita a las lagartijas? :???: :(

  8. dot:

    :P no, no le cortaba la cola a las lagartijas, me limitaba a cazar renacuajos y olvidarlos
    (literalmete) en un bote y lanzar piedras a un barranco con un tronco cúal bate de beisbol, a parte de otras muchas cosas, epro reconozco que me daban miedo los pollos del corral de mi abuelo.

  9. Guillermo Hoardings:

    Buenísimo. Y eso que yo no me acuerdo de cuando aprendí a nadar. Debe de ser que hace mucho que no huelo el cloro ;-)

  10. Lackland:

    A mí también me hizo algo parecido el cabroncete de mi monitor. No hubo superheroína que me salvase, y sí una conserje supergorda que me decía que llorar no era de hombres, lo cual es una mentira como un templo.

    Además, a ella que más le daba si con el agua de la piscina no se notaban.

  11. burdon:

    dot, de peque estabas asilvestrada perdida hija, yo que pensaba que eras una urbanita modélica.. Los pollos?, ejem.. eso da para otra historia. :)

    Guille yo el cloro lo huelo de tanto en mucho, tal vez sea por eso que tenga asociado ese olor a mi infancia.

    No, no Lackland, sería ¿a ella qué le importaba si llorabas? Que comentario más recurrente, el de la conseje gorda, no el tuyo. A ver si el monitor este mío es el mismo de Elizabeth y el tuyo. A ver si va a ser un monitor que traumatiza a los niños en serie, ¡qué todo puede ser!

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