Malos pelos donde irá..
Llevo ya más de un mes en lo alto de los tejados y creo que está empezando a afectarme. El insistente viento que no deja de soplar en todo el día me revuelve las ideas y arrasa con todo lo que puede dejando un remanso de nada. Es como una especie de Tramontana, un remolino de resoplidos que ponen de vuelta y media las pocas neuronas que me quedan. Un viento acaba calándome en los huesos. Cuando bajo de las alturas, parezco un loco con los pelos revueltos y la piel cada vez más morena. Nunca había estado tan moreno a finales de febrero. Y es que trabajo en las alturas de sol a sol. Literalmente. Veo de buena mañana como aparece el sol por oriente, sale del horizonte allá por el Mediterráneo, me guiña un ojo a la una, da un paseo por la costa maresmenca y se despide de mi al atardecer por el oeste, hasta al día siguiente, escondiéndose por entre las montañas.
Estos días estoy haciendo un master en cocina, limpieza del hogar y todas las tareas necesarias para llevar una casa. La situación lo requiere. Ayer mismo, mientras fregaba los platos, me quedé dormido por un momento con las manos metidas en el agua caliente, estropajo en mano. Lo más curioso de todo es que estaba escuchando por los auriculares a los 091. Ya no respeto ni a los clásicos.
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