Mataró desde los tejados
Más de una vez he confesado mi debilidad por los tejados de los pueblos y ciudades, sus pequeñas terrazas privadas, viejas o nuevas, tanto da. Pequeños oasis en las alturas, más cerca del cielo que el resto de hormiguitas que nos movemos por las callejuelas. Hace unos días, en el trabajo, he vuelto a escaparme a la azotea para mirar el Mediterráneo, la mar estaba revuelta, las gaviotas revoloteaban sobre mi cabeza, los chillidos de fondo del colegio jugando al tenis. En mi colegio jamás de la vida jugamos al tenis. Podíamos jugar al basket, a futbol, boleibol, handbol.. ¿¿pero a tenis??. Los niños de este colegio tienen cada uno de ellos su propia raqueta. Deben estar preparándolos para su futura vida burguesa, digo yo.
Echo un vistazo a los tejados de la ciudad y lo primero que localizo es la iglésia de Santa Ana, luego la Basílica de Santa María. También me entretengo a contar las numerosas chimeneas que siguen en pie. Mataró hasta hace bien poco, era puntera en el sector textil, de ahí a que tenga tantas chimeneas. Chimeneas que conservan con mimo tirando las antiguas fábricas para luego construir alrededor de ellas pequeños parques. Siempre me ha parecido que tiene mucho mérito lo de construir chimeneas tan altas. Todavía no me explico como se lo montarían para construirlas, retan a la ley de la gravedad, y esto lo dice uno que se dedica a esto. Es curioso, pero cada vez que veo una chimenea, creo que va a salir de un momento a otro de ella Dick Van Dyke, el inolvidable limpiachimeneas que salía en Mery Poppins. - ¡Alehop!.
El puerto, el rascacielos de la Meroil, los inconfundibles bloques blancos de diez plantas mirando al oeste, al norte la Via Europa, o los Picos De Europa como los llamo yo, que están empiricutados en lo alto de la ladera, y al fondo, pero muy al fondo, en la cresta de la montaña, Can Bruguera. Si giras la vista un poco más a la izquierda, que digo un poco, bastante más a la izquierda, puedes ver el en lo alto de todo de la montaña, el emblemático castillo del Burriac. Un castillo del que conserva originalmente poco más que la vieja torre y un gran arco que en las tardes de verano, si te fijas bien, puedes ver como el sol se esconde detrás dicho arco, como si hiciera un guiño a la ciudad.
Oigo que me llaman, con acento sudamericano, con esa cadencia tan caractarística de los paises del sur de América. El cruce de culturas lo estoy notando cada día que pasa, ya sea en el trabajo como fuera de él. Tal vez sea por eso por lo que el verano pasado se celebró en Mataró la Cruïlla de Cultures, un festival de música donde se mezclaban músicas procedentes de distintas culturas, ya sea la africana, la gitana, musulmana.. y es que la presencia de gente que viene de fuera la noto sobre todo en el trabajo. He trabajado con peruanos, uruguayos, senegaleses, marroquíes, pakistaníes, polacos, rusos…y argentinos, como no. Sin ir más lejos, acabo de ver como ha entrado en la oficina de mi empresa una guapa argentina, joven, de sonrisa amable y por lo poco que pude ver, voluntariosa. No sé si sabrá ya que se ha metido en la boca del lobo, pero bueno, eso ya es otra historia. Pero a lo que iba, quería decir con todo esto de los cruces de culturas, que me parece tremendamente interesante compartir opiniones con gente de otras culturas, ensancha tu mente y disipa estúpidos prejuicios.
Antes de volver al tajo echo un vistazo a las antenas de los tejados, cientos y cientos de amasijos de hierros encarados en una misma dirección. Una vez conocí a un antenista que me contó que llevaba trabajando en la misma empresa de montador de antenas desde hacía más de cuarenta años. ¡Cuarenta años!, ¡que se dice pronto!. Cuando me lo contó se me escapó una sonora carcadaja. Cuarenta eran los días eran los que por entonces me quedaban antes de que me despidieran de mi antigua empresa. La verdad es que no sé si me estaba vacilando o qué, cuarenta es una cifra muy dada para impresionar a la gente, muy redonda. - Cuarenta kilómetros, cuarenta canciones, Alí Babá y sus cuarenta ladrones, cuarenta años de dictadura, cuarenta de fiebre, los cuarenta principales, los cuarenta huevos duros que se comió Paul Newman, cuarenta sacos de trigo, cuarenta corazones partíos… cuarenta años soportando al mismo jefe, tragando lo intragable. Debió añadir.
En fin, escribo estas líneas la mañana del domingo, con un desorden en mi mesa llena de discos, y en mi cabeza llena de estúpidas preocupaciones. Lo guardo en el disket, lo publico, y seguimos de prestao. Hasta más ver, amigos.
3 comentarios »
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Enero 23rd, 2006 @
Qué bonito, Burdon, un gran post! que recuerdos…Dick Van Dyke por los tejados bailando y poniendo esas muecas que tanta gracia me siguen haciendo.Me he leído como mil doscientos artículos tuyos en una hora…cuánto tiempo sin pasar por aquí. Un gran abrazo!!!
Enero 23rd, 2006 @
… pues te ha salido un bonito post… que valdría por 40
Por cierto, si no conoces el google earth bajátelo y experimenta con él. Toda una experiencia si te gustan los tejados. Puedes sobrevolar ciudades a vista de pájaro, acercarlas, alejarles, darles la vuelta… una pasada
A ver si te conectas ya !!!
Enero 25th, 2006 @
Víctor!!. ¿Pero cómo tienes la dicha de aparecer así? ¡sin avisar!. Realmente creí que no volvería a leerte. Me alegro que te guste lo que dejo por aquí. Dick Van Dyke será enterno gracias a ese papel. Que grandes números musicales los de este tipo. Te acabo de leer, espero que no te vuelvas a ausentar tanto tiempo, no les hagas eso a tus parroquianos..
Un abrazo!
Sísí tronco, ya vi el progama ese del google. Busqué la casa de campo que tenemos y se podía ver hasta la piscina y todo!. Alucinante, me siento observado!.
y sí, estamos en ello con lo de la conexión, seguramente nos quedemos con una de las ofertas de ya.com, tienen buena pinta. eeen fin.