Mi café
Mi vista se perdía en el cielo asomándome por uno de los grandes ventanales del bar. Esperaba el café para terminar rematar la comida de cada día. Miré varias veces hacía atrás para ver si me lo traían o no. Al final llegó la camarera con el café. Me dispuse a abrir el sobre de el azúcar, lo eché y empecé a remover el café con la cucharilla. Y así me quedé, apoyando un codo en la mesa y aguantándome con la mano en la cara. Empiezo a remover y a remover, a remover y a remover…
Me quedé mirando fijamente como daba vueltas el café dentro de la taza, haciendo una especie de remolino, un oscuro remolino con sabor a café. ¡Cuando de pronto!, veo como se asoma un pequeño pico de loro en el fondo de la taza. Seguido de ese pico aparecieron unos ojos saltones y vivarachos. Dejé de remover el café y me acerqué la taza a la cara. Detrás de ese pico y esos ojos apareció la cara de un lorito verde con sombrero y puro en el pico, y me dijo;
- ¿Tú has estado en Bahía? Dijo el lorito con acento portugués.
- Pues… no. Le dije yo con voz entrecortada.
- ¡Bueno, pues vamos!
- ¿Qué?
- ¿Cómo puede ser que no hayas estado en Bahía? ¡Es lo más hermoso del mundo!, su música, sus gentes, sus fiestas… ¿y sus muchachas?!, ohh sus muchachas…
- Pero, pero es que yo tengo que volver al trabajo..
- ¿Trabajo?, ¿cómo puedes hablarle de trabajo a José Carioca?, ¡olvídalo! ¡Bahía!, ¡muchachas!, ¡su música, su gente!…
- No, no, olvídalo, no tengo tiempo para irme tan lejos…
- ¡Pero sí sólo tienes que meterte aquí!, ¡en el café!
¡PLOF!
Cucharazo al canto y desapareció José Carioca. Seguí removiendo el café, dándole vueltas y más vueltas más…
Mientras removía el café miré a la señora que tenía en la mesa de al lado. Llevaba una minifalda que no se pondría ni siquiera su hija de lo corta que era. Pero cual fue mi repulsión al ver como hizo un cruce de piernas y pude ver sus peludas ingles, pelos rizados con los que poder hacer tirabuzones. Ella me miró y me guiñó un ojo. Yo del susto casi derramé el café de un manotazo. Una gota de sudor cayó por mi sien pasando por mi mejilla para luego dar un extraño rodeo por mi nariz, pasando por mis labios y acabando por mi mentón. Y allí se quedó. Como tengo un mentón pronunciado, se cobijó allí para no caer al suelo y ser pisoteado. Mientras tanto cogí una uva de mi sobrero de frutas, una uva siempre sienta bien a cualquier hora. Mientras comía la uva me fijé en la llegada al bar de un señor que llegó bien emperifollado con su traje de los domingos. El señor emperifollado cogió una silla y la puso de lado para sentarse. La escena era de lo más rara, pero más raro fue ver como la silla visiblemente molesta por la excentricidad de su usuario, hizo un sacrificio todo sea para dar una lección al excéntrico. Se partió ella misma una pata para que el emperifollado cayera al suelo llevándose por delante el vino, la gaseosa y todos los cubiertos que pilló por la mesa. Al ver que nadie se acercaba a socorrerle me levanté de la mesa para ayudarle a incorporarse. Por el camino hacía el follado vi pasar una codorniz asada huyendo del comedor a saltitos, la guarnición de patatas le seguía detrás…
- ¿Se encuentra bien emperi…digoo..¿se encuentra bien señor? Le pregunté mientras lo cogía por los brazos.
- ¿Cómo me voy a encontrar bien si en Kazajistan han cambiado de primer ministro?
- Es verdad, tiene toda la razón, no hay nada mejor por las mañana que un buen bocata de sobrasada.
- Lo que digo yo, ¡menos ministros y más sobrasada! Dijo el emperifollado.
Mientras le ayudo al señor a recoger un poco el estropicio formado veo como la camarera sube las escaleras a toda leche.
-¡ Socorro!, ¡socorro!, ¡la codorniz se ha atrincherado en la cocina con la ayuda de su guarnición de patatas y tiene de rehenes al cocinero y al de la barra!
Nada más decir eso, la gente del comedor empezó a murmurar entre unos y otros, mientras que yo no hacía otra cosa que intentar ahogar con la cuchara a José Carioca en el café. Seguía con la perra de invitarme a Bahía, que pesadez de loro. Empezaron a oírse los primeros gritos de histeria.
- ¡No!, ¡no!, no quiero que me rebocen en alioli y me coma la codorniz, ¡¡noooo!!…
- ¡¡Ahhhhrrg!!, ¡¡ahora me acuerdo que soy alérgico al alioliiii!!…
- ¡Dioss!, ¡me acabo de enterar el Elvis a muerto!, ¡¡¡noooooo!!!…
- ¡Tranquilos todos! Dijo el emperifollado.
- ¡Atención!, hace un momento mi una silla a intentado de atentar contra mi persona, osea conmigo mismamente, y una codorniz apoyada logísticamente por su guarnición se han hecho fuertes en la cocina. Eso me lleva a pensar que el mobiliario de este comedor puede ser igual de peligroso que los anteriormente mentados. ¡Aléjense de las mesas y de sus platos!, ¡hagamos una piña en mitad del comedor!, ¡como en el oeste!
José Carioca, el danzarín.
Todos los comensales se apiñaron en mitad del comedor. La atemorizada camarera se unió a la clientela. Una vez apiñados todos, quedé con los demás para que me dejaran ser el portavoz en este conflicto gastrónomico. Según pudimos averiguar gracias a que hicimos prisioneros a unos caracoles que pasaban por allí, que la líder de la rebelión aseguraba contar con un pez espada para mantenernos a todos a raya. Yo por mi parte ya les avisé a los sublevados que a mi no me hace ni pizca de gracia el pescado, que me da muy mala espina. También nos amenazaron con hacernos comer uno a uno los yogures caducados que tenían en la despensa. Pero la camarera rápidamente nos aseguró que por eso no sufriéramos, que hacía ya un par de semanas que nos estaban dando yogurts caducados en el bar, y que ahí seguíamos todavía. La guarnición de patatas de la codorniz subió escaleras arriba, más que nada porque no podía subirlas hacía abajo.. hasta plantarse en la puerta del comedor, se alinearon todas las patatas menos una, que estaba de baja. Había sido alcanzada por un bote de ketchup a traición. Los comensales empezaron a ponerse cada vez más nerviosos.
El tiempo pasaba y la camarera se estaba poniendo las botas, el oso del fondo del comedor no paraba golpear la mesa cuchara en mano, reclamando su miel. El emperifollado no dejaba de aporrear con la botella de la gaseosa a la silla suicida. La tía de las ingles se había hecho unas trenzas y cobraba a los comensales que quisieran admirar su obra de arte… y en medio de esa incertidumbre volvió a asomar la cabeza José Carioca por la taza de café, volviéndonos a preguntar…
- shhhht, shicos!, shicos!. ¿Habéis estado en Bahía?
Fue entonces cuando lo vi claro, ¡Bahía! ¡La mejor manera de salir de ese trance era ir a Bahía!
- ¡Sí!, digoo, ¡no!, ¿como se llega a Bahía?
- Ya te lo dije amigo mío, ¡metiéndote en la taza de café!
- ¿Pero cómo?
- Asoma la cara al café hasta que tu nariz de con el café y…¡voila!
Y dicho y hecho, uno a uno fuimos metiendo las narices en el café y por arte de magia fuimos absorbidos por él y llevados a la ciudad de Bahía, ¡oh Bahía!. ¡Dame un bumbu sa!, ¡quiero un quiyendó! Oh Bahía…que hermosa es Bahía… y allí enfundados con los sombreros de paja, con camisas anudadas por el ombligo, babeando por las lindas muchachas del lugar, nos perdimos por las apacibles calles de Bahía, bailando al son de los ritmos tropicales, admirando el impresionante atardecer que coloreaba el cielo con tonos anaranjados y rojizos, que luego daban paso a un extraño fucsia…
Y seguí removiendo y removiendo y removiendo….hasta que mi cucharilla topó con algo en el café y volví en mí. Dejé de remover y lo saqué a la superficie con ayuda de la cucharilla y un dedo. Era un purito diminuto.
EricBurdon - 2002
Olsita (cara de olsita) me pidió que rescatara esta historieta y aunque ahora leyéndola otra vez, me da cosa de publicarla, pero si me lo pide ella no se lo puedo negar. Seguramente si la escribiera de nuevo la habría sintetizado mucho más, le habría dado otra forma, tal vez menos infantiloide, pero así salió. Está basada en una de mis películas favoritas de la Disney, Los tres caballeros. Va por tí y ya de paso un recuerdo afectuoso para Lapi, el lapicero que siempre me recuerda lo bien que se lo pasó por la Mirada.
6 comentarios »
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Octubre 6th, 2005 @
ahh bueno cómo la he disfrutado… a mi me parece fabulosa y yo de ti no le hacia nada q así te salió bastante bien, gracias y besotez pa ti
Octubre 6th, 2005 @
Ay, que eso es que me lees con buenos ojos Olguis, que te lo digo yo, menudo peñazo. ay!. Besotes tos pa tí.
Octubre 7th, 2005 @
Pues me alegro que la hayas rescatado… es fabulosa.
Un beso.
Octubre 7th, 2005 @
Otra que me lee con buenos ojos.. pues yo también me alegro Des entonces. Un besote bien grandote.
Octubre 18th, 2005 @
Todo un clásico de “La Mirada”… Me ha encantado releerlo.
2002? Nos hacemos viejos??
:-m
Un saludo!
PS: Para cuándo el de aquellos curas chiflados?
:’D
Octubre 18th, 2005 @
Ese lapiseroooo..pues sí, cayó gracioso el cuentecillo en su día sí. Tuve que ir a buscarlos a la hemeroteca del foro, y me costó lo mío. También me pasé por los viejos foros que solía visitar, el paisaje es desolador. Leí algún cuentecillo que otro tuyo, eran originales, vamos, y lo siguen siendo.
¿Todavía te acuerdas de la de los curas?, la serie se llamaba “Esos curas modernos” y creo que recordar que se me iba la pinza por momentos. xD
No prometo ná!, un saludo de oso!.