David Trueba - Cuatro amigos
“De pronto, una mano me sujetó por el hombro y me detuve.
-¿Os vais ya?- Era Beatriz.
No parecía guardarme rencor. A veces las mujeres resultan incomprensibles. Nunca acabamos de desentrañar la capacidad de su cariño ni la de su odio. Por eso los hombres terminamos esquizofrénicos. Supuse que ella no iba a hacer nada […]
