Huellas para el tiempo y la distancia
En Rubí me helé de frío, nevó lo impensable. Menudo encontronazo con la realidad. En la Roca vi lo ridículo que le puede quedar un peluquín a un señor. En Mollet vi día tras día el mercado de los martes desde las alturas. En Sabadell casi me salto un ojo. En Barcelona casi me meto a estudiar en una escuela de hostelería. En Badalona fue un visto y no visto. En Santa Coloma de Gramanet conocí el centro y unos atracadores de guante blanco. Lo juro.
En Calella comí fatal en todos los bares a los que iba, menos en un mesón de toda la vida donde colgaban fotos de suecas, teutonas etc.. en bolas montadas en bicicleta allá por los años setenta. ¡Viva el destape!. En Montgat casi me convierto en un gato. Vi desde desde un dieciseisavo una espantosa nube de polución que sobrevolaba por encima de Barcelona. Tomé la alternativa, además de ver como morían dos compañeros de una forma horrible. En Terrassa me recorrí toda la ciudad de punta a punta en una Renault Express. Cada día. Pulsee más peso del que nunca creí que pudiera pulsear. Acojoné al personal abriendo un boquete que trascoló al restaurante de al lado. La escena de los clientes aterrorizados y de los camareros corriendo de un lado para otro fue digna de una película de los Hermanos Marx. Los dos restaurantes compartían una única pared maestra. ¿La calle de los restaurantes?. Carrer Arquímedes.
En Mataró trabajé enfrente de casa, también enfrente de los Juzgados, en la calle Sant Cugat, en Cirera y en la Carretera de Mata. Hasta en el mismísimo corazón de Mataró, detrás de la Basílica de Santa Maria, en la casa de al lado de Can Laru. En Granollers fue una locura. En Canet de Mar fue entretenido, bonitas vistas. ¿Y ahora?. Ahora estoy contando los días que me quedan (como cada año por estas fechas) para dejar de hacer equilibrios y filigranas, para olvidar por un momento el despertador y los horarios. Obras enteras, fachadas de obra vista, tabiques, forjados, enrracholados.. tantos y tantos rastros esparcidos de lo que una vez hice. Obras que seguirán ahí cuando ya no esté. Huellas para el tiempo y la distancia.
Y que llegue pronto agosto, ¡caray!.
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