El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

De pruebas

Archivado en: Cosas que pasan, General — Julio 1, 2005 @

Hace casi diez años que no me paso por una peluquería.

Pero que no se alarme la gente, Burdon no es un rastafari ni nada por el estilo. Cuido mi cabello con Loreal… ¡¡RASS!!. Bueno, después de la parida de rigor, previsible y pueril, decir que tengo el peluquero en casa. El peluquero y la máquina de cortar el pelo. “La amoto” para los amigos.

Después de varios años sacándole partido a la maquinita, la susodicha nos ha dicho adiós con sus peines, palancas y rugidos eléctricos congestionados. A rey muerto rey puesto. Hoy he ido a unos conocidos grandes almacenes, conocidos como Carrefoooour, pero que aquí en casa hemos rebautizado cómo; ¡Carrefuuuula!. Así mismo lo llamamos, con esa misma entonación pastoril. Pero a lo que iba, fui a la sección de electrodomésticos y estuve pensando entre comprarme una nevera para dejar mis sesos en remojo, o comprarme una máquina de cortar (el pelo) nueva. Evidentemente, elegí la segunda opción.

Mientras miraba las diferentes marcas de amotos, me fijé cómo una mujer y una joven, dos vendedoras de los grandes almacenes, observaban todos mis movimientos. Si ya me lo tiene dicho mi madre; - afeitate hijo, que te van a tomar un delinqüente sin oficio ni beneficio. Hombre, digo yo que si un delinqüente no tiene beneficio, mal vamos. Bueno claro, si no tiene oficio…

Dios, que me salgo por peteneras y no hay quién me pare. El caso es que la mujer le indicaba con la mirada a la chica que me abordara para preguntarme si me podía ayudar en algo. Efectivamente, me abordó y me preguntó si podía ayudarme, en algo. Burdon, hijo mío, borra ahora mismo de tu cabeza lo que estás pensando. Trabajo, está trabajando… pensé.

Una vez roto el hielo entre vendedora y cliente, empecé a hacerle preguntas sobre los direfentes artículos que teníamos enfrente. La chica estaba a prueba, era evidente. Su compañera no dejaba de observarnos. Fui agradable y cordial, tal y como me educaron y blablabla… Dejé, no, invité a que me aconsejara cuál creía ella que era la mejor elección. Hasta bromeé con ella poniendo en duda sus conocimientos sobre aquellos cacharros si lucía una larga cabellera. A lo cuál me respondió siempre muy profesional, guardando la compostura, pero sonriendo timidamente. Al final me quedé con uno que tiene un cargador para poder prescindir de el cable. Muy maja ella, bueno las dos. Ella y la máquina.

Lo que tenía que haber hecho antes de despedirme, era decirle a la compañera que nos observaba algo así como; - ¿Qué?, ¿se ha portado, no?. Pues circule..

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