De humanos y humanoides
En el trabajo han instalado unas cámaras medio de incógnito. Por lo visto nos quieren tener controlados. Ahora nos podrán ver desde las oficinas, respantigados en sus despachos, mirando a al más puro estilo Gran Hermano, pudiendo nominar al que no le guste por cualquier tontería. A la puta calle. Por lo visto esto de las cámaras en el trabajo es ilegal si no se les ha advertido a los trabajadores desde un principio. Tanto me da, no tengo por qué ocultarme. Se ha corrido la voz (con perdón) de lo de las cámaras y a estas horas todo el mundo está con el cachondeo de bajarse los pantalones, dedicarles lindezas a los voyeurs y hasta bromean con deshacerse de ellas haciendo que parezca un accidente.
Es divertido. Lo que realmente me preocupa es otra cosa. Me gustaría equivocarme, pero creo que en cuestión de días tendré que ir a visitar al doctor, del cuál nunca me acuerdo de su nombre (afortunadamente), temiéndome ya el diagnóstico. El problema es que le tengo pánico a los quirófanos. Tonto de mí, se me olvidó que soy un simple mortal, como todo hijo de vecino.
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