El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

El Tato. El Long John Silver de nuestros días

Archivado en: General — Mayo 16, 2005 @

Esto fue más o menos lo que me pasó el viernes por la tarde hablando con un “compañero” del trabajo. Para ello denominaremos al interlocutor y protagonista de este post como “el tato” y al actor secundario como “Borjamari”.

el Tato: Qué hay chaval, ¿cómo va eso?

Burdon: Bien, intentando dominar esto yo solo, me han dejado solo a mi suerte.

el Tato: ¿Por culpa de quién?, ¿del Borjamari? Tú lo que tienes que hacer es no hacerle ni puto caso. Ése, ése tipo lo que es un rastrero que no sabe por donde anda. ¿Pues no lo ves que te ha dado las medidas mal?

Burdon: Yo ya paso de discutirle sobre las medidas. Si así es como lo quiere, así se lo hago y punto. Luego si está mal a mí que me registren.

el Tato: Amigo, pues no te queda a tí nada de saber cómo son las cosas. Si se equivoca te echará la culpa a tí a sus superiores, pero claro, nunca te lo dirá a tí eso. Así se las gasta el rastrero de mierda. Si fuera por mí, ya hacía tiempo que me habría ido. Todo menos tener que aguantar al gilipollas del Borjamari. Menos mal que por fin me voy ya de aquí.

Burdon: Pues bueno.

Al rato aparece Borjamari…

Borjamari: ¡Hombre Tato!, ¿qué poco te queda ya de estar con nosotros eh? ¿Cómo lo llevas a todo esto, Burdon?

Burdon: Bien, vamos haciendo..

el Tato: Pues sí, éste día tenía que llegar algún día. ¿Y mira que me da lástima irme eh?

Borjamari: Ya lo creo tío. Eres uno con los que mejor me he llevado aquí. Ya me sabe mal que te tengas que ir. Ojalá puedas volver..

el Tato: Ojalá. Pero ya sabes como es este oficio, un día estás aquí y otro allí. Si es que no tiene precio trabajar con compañeros así, con lo agusto que estaba aquí… bueno hombre -extendiéndole la mano- pues ha sido un placer trabajar contigo y espero que nos volvamos a ver un día de estos.

Borjamari: Lo mismo digo hombre, y ya te digo, me sabe mal que te vayas..que te vaya bien tío.

longjohnsilver1.jpg

Casi les faltó fundirse en un abrazo de lo amorosos que se pusieron. Aquella escena me provocó arcadas del asco que me producían sus palabras. El Tato me recordó a Long John Silver (La isla del tesoro), por su picardía, que para mí me resultaba repugnante. Además, el Tato tenía la fisonomía perfecta de un pirata, con el añadido de autenticidad de su cojera. Es el Long John Silver de nuestros días. Sé de sobras que el Tato me debió poner verde todo este tiempo delante de cualquiera que quisiera escucharle. Lo debió hacer con todo el mundo. Pero ver con mis propios ojos aquella escena, sabiendo lo que me había contado poco antes, me sentó como una patada en la boca. Eso me hace pensar que todos despotricamos los unos de los otros, hablando normalmente más de la cuenta, señalando siempre nuestros defectos. En la mayoría de los casos para nuestro propio beneficio.

Me siento un poco como el joven Jim Hawkins, quedándome con la copla de lo que me rodea, intentando hacer lo que realmente sienta. Evitando en la medida de lo posible no convertirme en un gilipollas integral. Todavía tengo metida en la cabeza esa ridícula idea que tenía Manuel Summers, aquella del “to er mundo é güeno”.

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