Excesos
Ayer mientras trabajaba en el tejado, levanto la vista y veo como se acercaba a mí el cajón de la runa colgado de la grúa. Antes de que se diera cuenta el gruista, ya no le daba tiempo a evitar estampar el cajón contra la parte más alta del tejado, rompiéndo de cuajo un trozo de pared. Lo pude ver todo agazapado a pocos metros de allí. ¿Y quién tuvo que arreglar el descosido?, pues el nene. Me tocó amarrarme con un cinturón y una larga cuerda para asegurarme que no me fuera para abajo en una racha de viento o lo que fuera.
Hoy llegó un momento en que parecía que estaba nevando, un espectáculo digno de ver. El algodón de los chopos revoloteaba por toda la obra, metiéndose en los ojos, pestañas, narices… un coñazo. Una cosa tan molesta podría hacer despistar al mismo gruista y así volver a hacer de las suyas. Y es que todo con exceso es malo, inquietante diría yo.
Un exceso de señoras paseando por la calle, observándote, pululando de un lado a otro, en grupos, en parejas, solas, paseando y obervándote. Uff.. una escena así sería más escalofriante que la película de Los Pájaros de Hitchcock.

Las naranjas son buenas, ¿no?. Cómete sólo unos tres kilillos de naranjas y después me cuentas.
Los chistes. ¿Los chistes son divertidos no?. Escucha una maratón de chistes, sin parar, uno detrás de otro, así toda la noche por ejemplo. El desgaste psíquico es demencial. Y de las arruguitas por reír tanto ni te cuento..Pero para desgaste, la tortura china del goteo en la frente. Unas gotitas de agua en la frente no tienen porqué hacer nada no?. ¡Ja!. No queráis hacer la prueba. ¿No hacen falta más ejemplos no?.
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