La torre de Babel
Hablando con mi compañero polaco (del que hablé dos posts más abajo), me dí cuenta de la cantidad de expresiones diferentes que hay en cada país. Una de las anécdotas que más gracia me hicieron fue la confusión que tuvo éste con otro compañero mexicano de la obra, del cuál sé de muy buena tinta que ya ha adoptado expresiones como “macho” o “hostia” mezclándolas a su vez con expresiones típicas de su país como “que hueva”, o “chingada”. El caso es que el polaco le comentó al mexicano que aquí en Catalunya se iba a pescar a Berga a menudo. El mexicano se quedó perplejo y le espetó;
- ¿¿A qué verga dices que te chingabas??

Confusiones sexuales aparte, ya me gustaría a mí aprender diferentes idiomas viviendo el día a día en otro país. Supongo que al principio la gente se quedería conmigo, igual que contaba el polaco al llegar aquí a España, confundiéndose con cosas como ir a la carnicería y pedir una polla en vez de un pollo. Total, por una vocal de nada. Esto de convivir con tantos idiomas distintos… como en la Torre de Babel, condenados a no entenderse. Sólo sé que si viera en la torre de Babel a un hombre a lo lejos agitando las manos de aquí para allá, sin escuchar siquiera lo que dice, sabría con certeza que es un español.
¡Qué bien canto en esperanto!
cómo chano hablando italiano
qué bien leo en arameo
aunque algo brusco también leo etrusco
Me río de aquel
castigo en Babel
Los Enemigos
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