La Huella Sonora
Este post lo he rescatado de Rutinario Club Social, mi antiguo weblog. Hablando con Txarly me preguntó que me recomendaría de la obra de Juan Perro. Es por eso que he rescatado este post, para que se haga una idea sobre lo que me parece el zaragozano del canto del gallo. He de decir también que de vez en cuando aparece gente comentando posts antiguos, entrando a saco, insultando primero y dando su opinión después. Por suerte suele ser algo anecdótico. Un poquito de por favor señores, que sólo son opiniones personales.
7-3-2004
A principios de los noventa, cuando Nirvana se erigió como el estandarte del movimiento grunge, Santiago Auserón ex-líder de los Radio Futura, viajaba sin parar al caribe en busca de la huella sonora.
Después de que Radio Futura se disolviera en el 92, creó para su nueva carrera en solitario a Juan Perro, su alter ego. El nombre de Juan Perro proviene del título de uno de los discos de Radio futura, La canción de Juan Perro, un disco que deja perlas como En un baile de perros. Seguramente la mayoría de la gente conocerán a Radio Futura por canciones como Annabel Lee o la Estatua del jardín botánico. Radio Futura fue algo más que un puñado de canciones exitosas.

Al igual que Juan Perro, muchos artistas que bebieron en sus inicios de las fuentes del rock y del pop, decidieron un buen día hacer un punto y aparte en sus carreras musicales para sumergirse en la experimentación o en la regresión a los viejos sonidos. Artistas como George Harrison que desde que se le cruzó en la vida Ravi Shankar, se convirtió en el beatle místico e espiritual. La música hindú le fascinó. Los rockeros de la lengua burlona, Los Rolling Stones, se acercaron a la música disco a finales de los 70 y comienzos de los 80. Otros artistas como Paul McCartney, Billy Joel o Elvis Costello, experimentaron con la música clásica. U2 en su día probaron suerte con la música electrónica sin grandes resultados. Al final volvieron a su habitual y característico sonido con el que se dieron a conocer. Por otro lado en nuestro país Joaquin Sabina pasó del rock de sus primeros discos a las rancheras, tangos, son cubano y un sin fin de viejos sonidos reconvertidos e interpretados con el inconfundible estilo del cantautor de Jaén. Enrique Bunbury dejó a todos sus seguidores con ganas de seguir escuchando más discos de Héroes del Silencio. Probó suerte con un pop rock más visceral, más personal y arriesgado. Bunbury se confiesa un fan incondicional de la obra de Santiago Auserón. Tal y como explicó una vez en una entrevista que le hicieron, aspira a tener una carrera musical tan brillante como la de su ídolo, aunque confesó que todavía le quedaba mucho hasta acercarse a lo que había hecho él. (Paranoias de los artistas).
Pero volvamos al punto de inflexión en la carrera de Santiago Auserón, el momento en el que decide bautizarse como Juan Perro, construyendo así un puente que iría del rock al son cubano. Conocer a leyendas vivas de la música cubana como Compay Segundo o a la Vieja trova Santiaguera, le dejaron pasmado por la fuerza y el encanto de sus sones. El resultado de su experiencia caribeña daría como resultado Raíces al viento, un disco lleno de percusiones, ritmos caribeños, cuentos y cantares de la América latina. Fonda de dolores, Cozumel, Perla oscura o el reggae de Negril hacen de Raíces al viento una apuesta a contracorriente para los tiempos que corrían, donde lo anglosajón estaba más de moda que nunca.
En el 97 presenta su siguiente trabajo, La huella Sonora. Si con Raíces del viento fue del rock al son cubano, con hizo un viaje a la inversa, fue del son cubano al rock. Canciones como Historia de la radio, Flor de granado, Señora del mar, La noche de fuego, o temas como La noria o A la media luna demuestran claramente el nuevo acercamiento al rock. Soberbio disco.

En Mr. Hambre, su tercer disco, vuelve al rock clásico de siempre, aderezado con algo de funk y reggae. Canciones como El joraique, Yo te cito, La charla del pescado, o Te convierto en canción son temas que entran bien en los oídos de la gente desde un principio, para luego transformarse y ganar en matices. En Mr hambre nos presenta una simplicidad que acaba convirtiéndose en unas letras reflexionadas con múltiples enigmas que esperan ser desvelados.
Cantares de vela es su cuarto y último disco. Hablando con un amigo sobre la trayectoría de Juan Perro me comentó que en este disco lo encontraba algo “desnortado”. En mi opinión esa apreciación es muy relativa. Por lo que veo, leo y escucho, lo que precisamente evita Juan Perro es estar en medio de una moda musical, como se ha convertido la música latina. Así como con Cantares de vela se toma la música con más calma que nunca, bebiendo del blues, el jazz y el soul, siempre con el rock como base. Canciones como uno de los singles del disco, No más lágrimas, el sabor cubano de El cigarrito, aire jazzístico de Luz de barrio o Apaga la vela, la pegadiza No me conoces, el cautivador Agujero en la red y un puñado de canciones más que al igual que los buenos vinos, se han de degustar poco a poco, sin prisas.

Es curioso comprobar como una de las imagenes más famosas del rock and roll, la del bajista de The Clash destrozando su bajo al final de un concierto de pura rabia, acabaría convirtiéndose en el negativo de la misma foto, antiguos punks mimando al máximo su música. The Police, Elvis Costello, Gabinete Caligari, Seguridad Social, Siniestro Total…todos empezaron en la música de la mano del punk. Todos derrochaban una rabiosa energía en el escenario. Todos siguieron caminos diferentes, (algunos con más fortuna que otros, todo hay que decirlo), puliendo su música con el paso de los años. Santiago Auserón, el chico que iba para profesor de instituto y prefirió hacerse punk, ha acabado convirtiéndose en un constante buscador de ritmos y sonoridades, recolector de ideas, de palabras que deja reposar, para luego moldearlas a su gusto y contarnoslas en forma de canciones.
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