Toma de posesión y primeras impresiones
Pues ya tomé posesión del piso. Ya he empezado a llevar algunas de las cosas básicas para poder medio habitar en él. He podido recorrer a fondo el piso, investigando en todos sus detallitos, sus virtudes y defectillos. La verdad es que afortunadamente tiene más virtudes que defectillos. Al ser amueblado, hay cosas que me van de perlas y otras que no tanto. Una de las cosas que veo de forma excesiva es la presencia de tantos espejos. Espejos en la entradita, espejos en el comedor, en la habitación de matrimonio…y cristales, tengo cuatro mesas de cristal, y vitrinas en el comedor, todo muy bonito pero…son cosas de mirar y no tocar. A la hora de la verdad no son prácticas. Pero a caballo regalado… Una de las virtudes son sus habitaciones, dos de ellas de dimensiones generosas y una muy coqueta, ideal para montarme la sala con mis discos y casettes, tiene los muebles apropiados para ello. A esa habitación la he bautizado y todo, la llamo “el confesionario”, porque se parece a la sala del confesionario del Gran Hermano. La habitación tiene un sofá biplaza de colorines mientras que las paredes tienen colorines infantiles, posters de Disney y demás colorainas. Aunque bueno, pronto le daré una mano de pintura a todo, sacaré los papeles decorativos y taparé algunos agujerillos que han quedado al descubierto.

El comedor es largo de cojones, siete metros por el lado más largo, pero peca un poco de estrecho. La cocina es una maravilla, espaciosa, llena de departamentos para guardar todos los cacharros. Tiene una gran ventana que le da mucha vida. El cuarto de baño es de lo más apañado y espacioso, todo en perfecto estado. Lo que más me gusta es que la bañera es de las grandes, de 1′ 70, así si que apetece bañarse (que mal suena eso). El trastero estudio parecerá una tontería, pero dentro de poco le daré un uso bárbaro, un espacio donde meter todos los cacharros que estorban en el piso, pero que hacen falta el día menos esperado. Lo mejor es la puerta secreta que tiene la librería. Tiras hacía afuera una de las estanterías como si fuera una puerta y te encuentras con el verdadero trastero. Un invento utilísimo.
Ahora me siento un poco extraño en el piso, un extraño propiamente dicho. Espero que con el tiempo, a medida que vayan pasando los días y mis visitas sean más seguidas, vaya haciéndome a ese nuevo espacio. Aunque todo esto ya me lo comentó cierta rubia del sur (saluditos y besitos para ella si me sigue leyendo). Y en fin, como dirían las gallinas catalanas… poc a poc!!.
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