Siempre hay algo que celebrar
Sugerencia: Aunque haya puesto esta canción en alguna ocasión, escuchar Sur o no Sur de Kevin Johansen. Va muy al caso con el tema.
Otra navidad más, otra nochebuena que celebramos por todo lo alto con la familia. Cómo decía aquella canción de la Frontera, “siempre hay algo que celebrar”.
Hablando con una chica (lo de chica es un adjetivo que se le queda corto) comentábamos lo interesante que es leer las aventuras de Teki al volante de su taxi (que por cierto, acabo de enterarme que se nos va, me cagüen todos los taxis juntos) o las anécdotas, tanto buenas como malas que le ocurren a Bud–White conduciendo su camión. Ella me decía que debería contar cosas de mi trabajo, que es algo natural. La verdad es que no suelo comentar cosas del trabajo puesto que no hay gran cosa que contar, o eso creo. Pero hay una historia que me hace contado que me gustaría contar. En realidad es algo que todos suponemos, pero que está ahí, es algo real.
No sé si lo había dicho antes pero trabajo en la construcción, soy albañil, toco un poco de todo, lo mismo te plancho un huevo que te frío una corbata. En la construcción hay de todo, los profesionales, los oportunistas y timadores, y entre todo aquella fauna están los inmigrantes, gente que normalmente no tienen los papeles en regla. Ecuatorianos, argentinos, uruguayos, nigerianos, senegaleses, marroquíes, pakistaníes…con todos ellos he hablado, preguntándoles por cómo habían llegado hasta aquí. Aprendo muchas cosas gracias a ellos. Cada una de sus historias son toda una odisea desde que salieron de su país hasta que llegaron a España. Ahora me han puesto a un peón marroquí, es el último que me ha contado su historia. “N” llegó hace cinco años a España y está encantado de la vida de vivir aquí. Es de Nador, una ciudad cercana a Melilla. Cuando me enteré de donde era le empecé a preguntar sobre lugares de allí puesto que aquella zona me la conozco por culpa de un embarazo patriotero que me tocó cumplir. Según me contó dice que él no entró en España en una patera, como hacen otros, abandonados a su suerte, gastando todos sus ahorros en el viaje. Él se fue con unos conocidos en una lancha cargada con 3.500 kilos de chocolate. Tardó dos días en llegar hasta la costa española puesto que primero pusieron rumbo a Tánger, para luego coger una ruta que les llevaría hasta Alicante. Tuvieron que pasar dos días en alta mar puesto que tenían que esperar un aviso desde la costa para poder atracar, sino corrían el peligro de toparse con las patrullas de la policía. Todo salió bien, pudieron llegar a Alicante siguiendo las instrucciones que les daban por una radio y unas señales luminosas que les hacían desde la costa. Una vez allí, le llevaron a toda prisa a una furgoneta, cargando antes la mercancía. N sin saber todavía a donde le iban a llevar, puesto que aquellos hombres le pasaban la información con cuenta gotas, hizo un viaje de unas dos horas hasta llegar a una casa de campo medio perdida en la montaña. Una vez allí le dieron 5.000 euros y algo de ropa. Fue allí donde se despidió de los traficantes, rechazando la oferta de un nuevo porte. Hizo bien, prefirió buscarse una vida “legal” para poder establecerse con su familia, en vez de seguir en el mundo del tráfico de drogas, y hasta de personas. Un gran negocio del cual se enriquecen tanto los de Marruecos como los de España. Mano de obra ilegal, dinero negro, ayudas mal repartidas. Mucho dinero hay en juego para que las cosas cambien.

Pero estaba hablando de la historia de “N”. A partir de ahí fue quedándose en casa de amigos y conocidos, buscándose la vida como podía hasta que llegó a Catalunya. Ahora tiene a su mujer con ella y a su hijo, viven de alquiler – puesto que lo del acceso a una vivienda ya es otro cantar- tiene un contrato de trabajo, está asegurado… por fin tiene papeles. Me explicó que el motivo por el que se metió en aquella lancha es porque en su país no hay futuro, el país lo dirigen los cuatro mafiosos de siempre, multimillonarios todos ellos, y el resto del pueblo vive en la miseria. Cuenta que la mafia campa a sus anchas, que el dinero que destinan para arreglar las calles y los servicios de la ciudad se lo quedan los cuatro mafiosos de siempre. Habla de la gente que meten en la cárcel por manifestarte por la precariedad del trabajo, de los más que sospechosos accidentes que sufren los que intentan que las cosas cambien. En definitiva, no tenía un futuro, ni para él ni para su familia.
Ahora me lo cuenta todo sonriendo, diciendo una y otra vez; - ¿me entiendes?, ¿me entiendes?. Al acabar cada frase. Me río de él cuando confunde los céntimos con los centímetros, y de sus machacones “me entiendes”. ¡Pues claro que te entiendo hombre!. Últimamente me pregunta sobre qué dinero le pertenece ahora por Navidad. Yo le cuento lo que puedo y sé. Le digo los papeles que tiene que guardar y a quién tiene que dirigirse para poder reclamar cuando le falte dinero de la nómina. Es lo mismo que me gustaría que hicieran conmigo si estuviera en su lugar. Esta tarde iba más contento que unas castañuelas al saber que podía cobrar la paga de Navidad, algo nuevo para él . Dice que su mujer le ha dicho que si cobraba que comprara unas gambas por el camino, que hay que celebrar lo que sea en cuanto se tenga la menor ocasión.
Bon Nadal,¡Feliz Navidad para TODOS!.
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