Nos vamos de “puenting”
Mañana viernes salgo de viaje con toda la familia hacía Extremadura, la familia al completo con novias y todo, una gran boda nos espera. Una de las cosas que más me gustan de los viajes es elegir los discos que me van a acompañar en la carretera. Suelo hacer mejor mi selección de música que mi equipaje. Esta vez hay un disco que es de cajón que me lo lleve, el directo de Fito y los Fitipaldis “Vivo… para contarlo”. Al fin cayó en mis manos ese CD en concierto y ese dvd tan completito que tiene.
Ahora viajar se hace un poco más aburrido al ir casi siempre por autovías, ya no atraviesa uno por todos y cada uno de los pueblos que te encontrabas por la carretera convencional. Ahora el único pueblo así como que importante que atraviesas es Madrid. Casi siempre que hacemos el viaje a Extremadura esperamos pasar Madrid para luego pararnos a comer, si pasamos Madrid sin problemas ya hemos superado la prueba, lo demás es tirar millas. Por cierto, ¿conocíais ya La siberia Extremeña?.
Atravesar España de punta a punta se ha convertido en un paseo con las autovías de ahora y estos coches tan chiripitifláuticos. Todo ha cambiado, hasta las puertas de los pueblos. Recuerdo como cuando llegábamos al pueblo a bordo de un seat 1430 salíamos medio mareados con tanto puerto de montaña. El relente de la noche hacía que cruzáramos los brazos intentando resguardarnos de el fresco. Uno de nosotros llamaba a la vieja puerta de madera de mi abuela. Una puerta marrón, llena de poros que contrastaba con el blanco de la pared. Tocábamos con el asa un par de veces y mi abuela respondía con un - ¡Ya voy!. Escuchábamos como se acercaba por el pasillo. Al abrir la puerta tenía ya preparadas raciones de besos para todos. Pero lo peor de todo de los viajes de antes no lo he contado todavía, lo peor era el suplicio del esparadrapo. Maldita sea la hora en que alguien le contó a mi madre que si nos pegaba unos esparadrapos en forma de cruz en la tripa, no nos marearíamos ni potaríamos en mitad del viaje. Siempre nos resistíamos y siempre acababan poniéndonoslo, resultando ser una soberana tontería puesto que nos mareábamos igual, con el añadido de que cuando llegaba el momento de quitarse el esparadrapo no teníamos el valor suficiente para hacer semejante locura. ¡Ríete tú de las torturas chinas!.
No tiene nada que ver con el tema, pero me pareció curioso. Encontré por casualidad una página donde un matrimonio argentino relatan el encuentrose que tuvieron con George Harrison un par de años antes de que falleciese. Aparte de la calidad de texto, inspira verdadera pasión por el beatle tranquilo. Su encuentro con Harrison es el que muchos de nosotros hubieramos querido tener. Hace poco se cumplió el tercer aniversario de su muerte, murió un 29 de noviembre, el día que cumplí 25 años. Fue un día triste, muy triste.
Bueno que me enrollo más de la cuenta, como siempre. Nos vemos a la vuelta, feliz puente para todos.
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