El crepúsculo de los dioses
En “El crepúsculo de los dioses” contaban el cambio radical que sufrió el cine con la llegada del sonido. Las viejas estrellas del cine mudo habían quedado relegadas al olvido. El sonido era la gran revolución. Norma Desmond, una vieja gloria del cine mudo, gritaba con convicción; “¡No necesitábamos diálogos. Teníamos rostros!”.
Aunque la llegada de el sonido en el cine fuese algo inevitable, algo de razón si que tenía Norma Desmond. Un buen ejemplo es ver como en los restaurantes siempre hay una pareja que permanece sentada, esperando la comida o simplemente tomando los cafés después de una romántica cena. He visto parejas que permanecen en silencio, cogidos de la mano, estudiando sus caras, sus expresiones, todo sin gesticular palabra alguna. Una vez esperando me tocó esperar en la puerta de un restaurante hasta que desocupara alguien alguna mesa. No me importaba demasiado los que se limitaban a comer y a charlar mientras cenaban. Los que me jodían eran dos o tres parejitas de estas que seguramente hace poco que están saliendo y se resisten a abandonar su mesa, habiendo acabado de cenar, de charlar y de tontear. ¡Joder, que hay gente fuera pelándose de frío!. Si nunca he entrado en el restaurante para montar una escenita es porque yo mismo he hecho y hago lo mismo en un restaurante. Hablar con los ojos, los gestos, las manos… recrearme en ese momento con la moza que tenía delante.
Pero bueno, otra vez me voy por lar ramas. Lo que quería contar es que he visto El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder. Otra película de la que había oído hablar mucho pero que nunca había visto. La película está muy bien narrada. Cuenta la historia de Joe Guillis (William Holden), un guionista de Hollywood venido a menos que escapando de sus acreedores va a parar a una decrépita mansión regentada por una vieja estrella del cine mudo, Norma Desmond (Gloria Swanson) y Max, su fiel mayordomo. Norma le pide a Joe que lea un guión que ha escrito ella misma para volver al cine por la puerta grande. Joe accede a leer su guión y a adaptarlo para llevarlo a cabo. Desde ese momento se produce una extraña relación de amor odio entre los dos que acabará de la peor manera posible. La película es rara, extravagante, y atípica al ver a una vieja estrella del cine mudo, la propia Gloria Swason interpretarse así misma. Al igual que Max, el mayordomo, en la vida real fue su descubridor, el director de sus primeras películas y su primer marido. Hasta el director Cecil B. De Mille aparece interpretándose así mismo. La película muestra el lado más crudo y cruel de Hollywood. Por un lado la locura paranoica de Norma Desmond al creer que sigue siendo una estrella querida y aclamada por el gran público, y por otro lado está la historia de un guionista de segunda fila que podría ser la historia de infinidad de guionistas que fueron a Hollywood buscando una oportunidad y acabaron encontrándose con la cruda realidad.
Pero la que se sale en la película es la Gloria Swanson exagerando sus poses, sus miradas perdidas, su forma de hablar, divina y monstruosa a la vez. Para los que no la hayan visto recomendaría que la escucharan en versión original, así se puede apreciar su divinidad en todo su esplendor.

“No puedo continuar con la escena, estoy muy contenta… Sr. De Mille, ¿le importa que diga unas palabras?… Gracias. Sólo quiero decirles a todos cúanto me alegro de estar otra vez en el estudio rodando una película. No saben cuánto los he echado de menos. Y prometo no volver a abandonarles, porque después de “Salomé” haremos otra película, y después otra. Esta es mi vida, siempre lo será… No hay nada más, sólo nosotros, las cámaras, y toda esa gente maravillosa en la oscuridad… Sr. De Mille, estoy preparada para mi primer plano…”. Norma Desmond (G. Swanson) en el monólogo final de la película.
La palabra es poderosa, la expresión también. Unidas pueden ser todo un lujo de sensaciones. Tal vez la próxima vez que vea a una de esas parejitas jugando con los silencios en un restaurante seré menos irascible, y más pragmático. Me pediré un bocadillo caliente en el bar de al lado.
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