Trilogía Crítica (II): Caperucita Roja
Puestos a criticar, podría hablar sobre el origen de nuestros males, pero hay que hacer una regresión a nuestra infancia. ¿Qué era lo que nos contaban de niños?, pues cuentos. ¡Y ahí está la madre del cordero!. Porque si nos paramos a analizar, a recapacitar sobre qué cuentos contamos a los niños, caeríamos en la cuenta de qué lo que contamos no tiene ni pies ni cabeza. El problema es que los niños tomaran todo lo que les cuentes como lo “normal” en un cuento. Luego pasa lo que pasa. Ya, ya sé que esto se parece más a un monólogo de el Club de la Comedia que a una crítica… ¡pero a las pruebas me remito!. Bastará con analizar el cuento de la Caperucita roja. Al lorito.
CAPERUCITA ROJA
Érase una vez una niña con unas trencitas rubias y ojos azules a la que todo el mundo llamaba Caperucita Roja, porque siempre llevaba una capa roja con una capucha también colorada. Su Abuelita se la había hecho para su cumpleaños.
[bien, todo bien… por ahora]
Caperucita vivía con su madre en una casita en el bosque. Un día Caperucita estaba jugando cuando su mamá la llamó:
- ¡Caperucita, Caperucita! Llévale a tu Abuelita que está malita esta cestita de mimbre con un queso, un pastel y una jarrita de miel. Pero no vayas por el camino de las flores ni hables con el Lobo Feroz.
- Sí, mamá ¡voy corriendo!
La casita de la Abuelita estaba al otro lado del bosque. Caperucita iba cogiendo flores por el bosque cuando, de repente, se le apareció el lobo.
- ¿Adónde vas Caperucita?
[alto ahí, ¿el lobo sabe hablar?]
- Voy a casa de mi Abuelita que está malita en la cama, a llevarle esta cestita de mimbre con un queso, un pastel y una jarrita de miel.
- Si vas por el camino de las flores encontrarás las flores más bonitas del bosque para tu Abuelita -dijo el Lobo Feroz-.
[Bueno, ya sabemos que Caperucita es una desobediente, se ha parado a hablar con un lobo. Primero ha desobedecido a su madre al ponerse a hablar con el lobo y segundo, le ha hecho más caso al lobo que a la madre. ¡Y no olvidemos que el lobo feroz habla!. Qué por cierto, ya le podría haber puesto algo más discreto la madre que una caperuza roja para salir al bosque, ¿no?]
Caperucita le dio las gracias y se fue por el camino de las flores que era el más largo, mientras el lobo cogía un atajo para llegar antes a casa de la Abuelita.

- ¡Toc, toc! -picó el lobo-.
[¿un lobo educado?, ¿pero no dijo la madre que era un lobo feroz?]
- ¿Quién es? -dijo la abuelita-.
- Soy Caperucita, tu nietecita que te traigo esta cestita de mimbre con un queso, un pastel y una jarrita de miel.
- Pasa, pasa, hijita.
[A estas alturas del cuento deberíamos reconocer que el lobo es un actor de puta madre. O eso, o no le visita a menudo su “querida” nietecita]
El lobo entró en la casa y se comió a la Abuelita de un solo bocado. Luego pensó que Caperucita podía ser un buen postre, así que se disfrazó con la ropa de la Abuelita y se metió en la cama.
Mientras tanto, la inocente Caperucita iba cantando y recogiendo flores por el camino. Cuando por fin, llegó a casa de su Abuelita y llamó a la puerta:
- ¡Toc, toc!
- ¿Quién es? -respondió el Lobo Feroz-.
- Soy Caperucita, tu nietecita, que te traigo una cestita de mimbre con un queso, un pastel y una jarrita de miel.
[Pero que pedazo actor es el lobo feroz. Ríete tú de De Niro. Tendríamos que llamarle Señor De Feroz. También podemos comprobar como Caperucita se traga la actuación del lobo, señal inequívoca de que no acostumbra a ir a ver a su pobre abuelita].

- Pasa, pasa, hijita. Te estaba esperando.
Caperucita entró y se acercó a la cama de su Abuelita:
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes…!
[¡Alto!. Que alguien le dé unas gafas a esta chica, que no ve tres en un burro]
- Son para oírte mejor, hijita.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes…!
- Son para verte mejor, hijita.
- Abuelita, abuelita, ¡qué boca tan grande tienes…!
[Apuntemos otra más, la niña es una impertinente]
- ¡Es para comerte mejor!
[¡bien por el lobo!]
El lobo saltó de la cama y Caperucita gritó. Intentó escapar, pero el Lobo Feroz, agarrándola por el cuello, la dejó casi sin respiración. En ese momento un leñador que había oído los gritos de Caperucita, derribó la puerta de un hachazo, se acercó al lobo y con su gran hacha le abrió la barriga, sacando a la Abuelita que aún estaba viva.
Para celebrarlo, invitaron al leñador a merendar el queso, el pastel y la jarrita de miel.
[¡¡Aaaaaaaaalto!! ¿¿pero esto qué es??, ¿sodoma y gomorra?. Me están contando que llegó un leñador, derribó la puerta de un hachazo -peazo poderío el del leñador- se acercó con toda la frialdad del mundo, apartó no sé sabe muy bien como a Caperucita de las garras del lobo, le abrió en canal – al lobo- ¡ sin rematarlo ni nada!, y sacó a la abuelita entera – es un decir- y con vida. ¿Acaso el lobo la engullió como si se tratase de una anaconda?, ¿y esos piños tan grandes para que los quiere?, ¿para abrir botellines?. Pero lo más alucinante y más preocupante de todo, es que después de tan horripilante suceso lo celebraran los tres juntos, la abuelita, Caperucita y el leñador, como si no hubiese pasado nada con una merendola. Señores, ¡qué aquí ha habido un crimen!, ¡ que hay un lobo de cuerpo presente!.
No, no y no. Este cuento es una inmoralidad. La madre pasa de la niña comprando una caperuza roja para que el lobo lo tenga a huevo con la niña. Y encima pasa de la miopía de Caperucita, porque su hija no ve nada, que quede claro. El lobo podría ser muy buen actor, pero esas pedazo de uñas no las podía ocultar de ninguna manera.. ¡qué parecía un águila leches!. ¿Y que me decís de Caperucita?. Pasa olímpicamente de las advertencias de su madre, con un par, ahí, ahí.. ¿Y la abuelita y el leñador qué?. Ya podrían echarle la bronca a la niña por ponerse a hablar con extraños en el bosque. Pero que bronca le van a echar ahora que lo pienso, si el leñador a abierto en canal al lobo, sin miramientos, sin contar siquiera con el posible trauma que le podría producir a la niña ver esa escena. Que digo yo que a la abuela le quedaban dos telediarios, que podría haber intentado dialogar con el lobo para al menos liberar a Caperucita sin tener que usar la fuerza, tipo George Clooney en el Pacificador. Nadaaaaa…¡un tajo transversal y arreando!. ¡Los traumas para el lobo!].

Y ahora me perdonareis por la extensión, pero era necesario, están en juego nuestras generaciones futuras. Este cuento lo leen así los niños, tal cual, como si fuera lo más natural del mundo. Es normal que el niño se haga un cacao con la moralidad. Incita a la desobediencia de sus progenitores, a la depresión por saber que tus padres pasan de ti (igual que tú de ellos), incitan a la violencia, y lo peor de todo, ¡a celebrarlo por todo lo alto!. Obviando palabras como sentimientos como la clemencia, la comprensión…en definitiva, este cuento lo deberían de incluir en la famosa lista del eje del mal de Bush. Vete tú a saber si el leñador no va a ser el Bin Laden disfrazado. ¿Acaso no sabíais que los leñadores suelen ser hombres barbudos?. Acabáramos…
Nota: Aquí dejo un interesantísimo artículo donde hablan los enigmas que se esconden en este cuento. Poca broma.
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