El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

Nos paramos un momento, y a respirar

Archivado en: Cosas que pasan, General — Octubre 1, 2004 @

O temporas!, o mores!. Ya lo dijo Dylan (el o temporas no) “los tiempos están cambiando” . Ayer uno podía estar tan campante y al día siguiente podía estar en el hoyo. Ayer tenía un trabajo y hoy estoy en el paro. ¡Oh el paro!, esa gran limosna que nos dan, según la gente de derechas (sin comentarios). Hay veces que adelantas más quedándote un tiempo en casita haciendo tus cosas que trabajar por trabajar. Hoy he ido a apuntarme al Inem, a congraciarme con mis nuevos compañeros los desocupados, a levantar el puño al cielo y gritar bien fuerte; a las… nada, a dar los buenos días y a preparar los papeles de rigor.

Ahora podré pararme a conversar tranquilamente sin tener que estar pendiente del reloj, como las conversaciones que tienen los viejos sentados en los parques públicos (digo públicos porque algún día habrán privados, y sino, tiempo al tiempo). A comer copiosamente para luego darme la madre de todas las siestas, a trasnochar, a hacer otras cosas, cosas para que no se me duerman los sentidos como dice la canción de Manolo García.

Hoy he enviado mi primer fax. Pues vaya cosa más tonta, pensaréis más de uno (¡pero dejarme que lo cuente, coño!). Son acontecimientos que hay que contar, que recapacitar tomándose su tiempo, que por cierto, ¿os dije ya que ahora voy a tener todo el tiempo del mundo?. Hablando de Manolo García, voy a pillarme (pero esta vez de legal) su último disco que debe estar que se sale, con su dvd y todo. Hasta me dará tiempo a ver algunos capítulos que tengo pendientes de “El hombre y la Tierra” que nos bajamos aquí en casa. Tiro tari tiro tari tiro tiro tari tari tiiiro… turu turu turu turutuuuuru…pom pompompom… Inolvidable sintonía la de aquel programa, tan inolvidable como Félix Rodríguez de la Fuente.

Queridos amigos… aquí tenemos un ejemplar de macho cabrío en paro. Fíjense como rebuzna al ver a la hembra bravía, caprichosa y selectiva al percatarse de los lances de los machos del lugar.

Queridos amigos, amigos de la naturaleza, amigos de los animales en general…observen como el burrito Burdoncito busca comida en la cocina mimetizándose entre el mobiliario urbano. Y ahora observen a su madre, más lista que el hambre, esperándolo tras la puerta…
¡ZAS!.
Zapatillazo de la madre en la mano del pequeño ladronzuelo, con la consiguiente huida pavorosa de nuestro querido amigo el Burdoncito, dejando caer al suelo su botín. Una especie en extinción, dicho sea de paso.

Pues eso, que me tomo unos días de descanso a vuestra salud.

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