El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

Santiago ya no vive solo

Archivado en: Relatos, General — Julio 18, 2004 @

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Nada más entrar por la puerta de casa Susana vio con una escena que no podía soportar, se encontró a Santiago estirado en el sofá , con ella, los dos enroscados en el sofá.

- Santiago Ramos Malonda, hasta aquí hemos llegado. He pasado un día horrible en el trabajo, ¿y qué me encuentro?, que el señorito no es capaz de darle puerta a su inseparable amiga, ¡siempre estás con ella!, ¡si casi estás más tiempo con ella que conmigo! Yo no puedo seguir así Santi, yo me merezco algo más, me merezco una relación más normal, más estable. Me voy a casa de mi madre, mañana pasaré por aquí con mi hermana para recoger las cosas.
- Pero..

- ¡¡Plaff!!

Y el portazo sonó como un signo de interrogación, como en la canción del Sabina. Santiago no tuvo tiempo de explicarle nada, no entendía a qué venía todo aquello, sólo se había echado una pequeña siesta con su pequeña Manta. Manta era como su propio nombre indica, una manta. Santiago la tenía a su lado desde que tuvo uso de razón, ya no recuerda como llegó Manta a su vida, simplemente un buen día estuvo allí para arroparlo en los días de invierno, en aquellos días en los que pasaba la varicela, el sarampión, o una simple gripe. Tal era su relación con Manta que se la había llevado de camping, estuvo presente el día que lo hizo por primera vez con Azucena, la chica que le daba por aquel entonces clases de repaso. Santiago aquella noche decidió dar otro tipo de clases, repasaron la materia bien repasada hasta que lo tuvieron todo minimamente aprendido. Y allí estuvo Manta para resguardarlos del frío.

Santiago se ha llegado a llevar a Manta hasta a la oficina, sobre todo los días que se estropeaba la calefacción. Hasta en la playa le ha hecho compañía, colocándola como esterilla para dejar las bolsas y los cacharros. A Susana nunca le gustó que su novio fuera incapaz de separarse de su manta en todo el día, no lo veía lógico. Eran adultos, los adultos no van paseándose por ahí con sus mantitas, pensaba ella. Lo que no sabía Susana es que aquella manta fue la única compañera de Santiago en los momentos difíciles, ella fue la que recogió sus lágrimas furtivas, las que nadie pudo ver, ella fue la que le arropó, la que le escuchó, la que siempre le consoló. Los siguientes días a la ruptura fueron duros para Santiago, quería a Susana pero también quería a Manta, odiaba tener que elegir a una de las dos. Manta nunca le habría puesto en ese compromiso.

Pasaron los días, las semanas, los meses… hasta que Santiago conoció a Inés, una chica que no se separaba nunca de Marcelo, su mantón de Manila. Le puso Marcelo para hacerse la ilusión que siempre que se lo ponía le estaba abrazando por detrás un apuesto hombre, el hombre que nunca acababa de llegar. Tal fue su conexión, que se fueron a vivir juntos, dejando que Manta y Marcelo se hicieran compañía mutuamente. Santiago sería el hombre que abrazaría por detrás a Inés empapándola en besos, mientras que Inés sería la mujer con la que Santiago se enroscaría en el sofá tardes enteras.


Linus forever.

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