El Jergón

Delirios musicales y otras Milongas

Carta a Juan Tamariz

Archivado en: Observatorio, General — Mayo 20, 2004 @

mamas

Estimado señor Tamariz, le escribo porque ha sucedido lo que me suponía que iba a pasar. Me ha sido imposible ir a verle al Teatro Villarroel. ¿Puedo tratarte de tú?, supongo que sí, siempre lo haces con nosotros, algo que siempre se agradece. Pues bien Juan, resulta que el pasado jueves día 17, al poco de enterarnos que llevabas ya unos días en Barcelona representando “Magia Potagia” , uno de tus espectáculos más exitosos, dije yo; ¿por qué no vamos a verlo? El rey del ¡Chan ta ta chan!, de la cartomagia, del abracadabra… Llamamos raudos y veloces al telentrada y nos cuentan que tenían todas las localidades vendidas para las próximas cuatro últimas funciones. El alma se nos cayó al suelo.

La última vez que me pasó algo parecido fue con Faemino y Cansado, sabía que tenían un público fiel, pero no tanto. Tenían vendidas todas las localidades con muchos días de antelación. Me quedé compuesto y sin espectáculo. Aunque no sé de que me extraño, vuestros espectáculos son precisamente eso, todo un espectáculo.

Aún recuerdo algunas de tus actuaciones en la tele. Recuerdo una en especial donde sacastes a un hombre de entre el público para que fuera tu ayudante. Ayudante o aprendiz de mago, da lo mismo. Se llamaba Willy, sí sí, como el amigo de la abeja maya. Lo que me llegué a reír con vosotros. Recuerdo que le explicabas a Willy que para ser un buen mago tenía que saber como colocarse en el escenario. Le dijistes que hiciera lo que hiciera siempre tuviera una pierna más avanzada que la otra. Recordándoselo cada vez que se olvidaba del consejo con uno de tus gritos desaforados – ¡¡laaaaa pieeeeerna Willy!!. Y los dos dabais un paso adelante levantando la pierna como los caballos jerezanos, con garbo y salero. Los trucos se sucedían, las tijeras caprichosas se caían a a cachos, las cartas volaban por el escenario, los pañuelos camaleónicos… todo os salía. Además de tu magia nos reíamos a carcajadadas con tus ocurrencias. Reírse y ilusionarse al mismo tiempo, mágica medicina. Recuerdo también que bromeabas con tu físico, le dijistes una vez a una chica del público que si no le impresionaban sus trucos. Ella no te dijo nada, simplemente sonreía. Te quitastes las gafas y le hicistes un gañota para ver si tú mismo le impresionabas más que tus trucos. Lo dabas todo por sorprender, por hacer reír, por que todos pasaran una noche agradable.

Contastes una vez que tu primera actuación frente al público siendo un niño fue algo accidentada. No te dejaron acabar tu número. Estabas haciendo no sé que juego de manos, hasta que fingistes la falsa pifiada. Y antes de que te dejaran acabar el número triunfalmente, demostrando tus dotes de ilusionista, te aplaudieron todos y te animaron porque creyeron que te había salido mal el truco. No te dieron tiempo a acabarlo, pero se rieron mucho. Ese fue el comienzo de todo.

Dice Jorge Blass, el chico mago que ahora sale por la tele, que es más difícil impresionar a los niños que a los adultos en esto del ilusionismo. Dice que los niños ven la magia como algo normal en sus vidas. Por lo tanto, si ven a un mago haciendo magia, simplemente no se sorprenden tanto cómo lo pueda hacer un adulto. Jorge Blass fue uno de los alumnos destacados que pasaron por la Escuela de magia de Ana Tamariz, tu hija, que por cierto, es muy guapa. Que tú padre sea uno de los mejores magos del mundo debe ser algo alucinante, un padre que encandila a su hija entre chisteras, cartas y y juegos visuales. No me avergüenzo si te digo que eres uno de mis héroes. Algunos dicen que los héroes no sirven para nada, que no creen en héroes. Yo si creo en ellos. Para mí un héroe es una referencia, una persona que con su forma de ser, te gustaría de alguna manera adoptar sus virtudes en tu día a día.

Me he enterado también que una de tus ilusiones sería dirigir una película. Curioso sueño. Llevas ya muchos años dirigiendo una gran película. Nosotros somos los actores, los protagonistas de tu película. Tú ya eres un gran director, un gran ilusionista, el artífice de la música de un violín imaginario. Sólo te pido que vuelvas pronto por la ciudad condal con otro de tus espectáculos. Yo también quiero salir en tú mágica película.

Hasta pronto.

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